Los pastoralistas Afar de Etiopía viven y se mueven cómodamente entre sus incontables muertos.
Afar graveyards usually mark the sites of seasonal encampments.
Paul Salopek
Se despiertan ante ellos. Caminan entre ellos. Juegan, debaten y acampan al lado de ellos. Utilizan los muertos para navegar. Decenas de miles de polvorientos indicadores funerarios (algunos recientes, otros muy antiguos) abarrotan el paisaje. Son bellos y conmovedores. Cuando los Afar mueran también se añadirán a estos memoriales; el punto donde se exhala el último suspiro, aki, se marca también con una gran piedra. En los espacios operísticos en pleno desierto no puede haber otra manera. Los muertos no pueden ocultarse, ya que a menudo están en otro lugar: tras paredes, vallas, setos, contravientos. Los Afar viven sus días vagando entre su propia necrópolis.
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Guide Ahmed Alema Hessan walks past an old Afar grave.
Paul Salopek
Hay una taxonomía precisa de tumbas en el territorio Afar.
El clan de difuntos habita pequeños poblados de pilones de piedras (llamados qabri) amontonadas, quizás, en una colina o en la estepa. Los pedestales más grandes, de uno o dos metros de altura, conmemoran a hombres caídos en interminables guerras con los pastoralistas vecinos. Estos son los wadils o das que tanto escandalizaron a los exploradores europeos, pues hasta hace poco incluían filas de piedras que indicaban el número de vidas que cada guerrero había quitado. (Algunos de estos monumentos registraban docenas.)
An Afar grave in the old style, with rows of stones denoting enemies killed in battle. From Hell-Hole of Creation: The Exploration of Abyssinian Danakil, by L.M. Nesbitt, Alfred A. Knopf, 1935.
Paul Salopek
Caminamos a través de estos enormes osarios como todos los demás. Es raro al principio. Pero pronto se vuelve natural. Si se acepta el estudio, más del 93 por ciento de todas las personas que han existido (unos 100 mil millones de individuos) ahora están muertos. Deben de descansar en algún lugar, por supuesto. En el Valle del Rift yacen dispersos bajo nuestros pies por todas partes. Nos orientamos a partir de ellos, de sus piedras modeladas por el viento. Todavía señalan el camino hacia adelante.
