Los pozos excavados a mano son los agujeros de gusano de un viaje por el desierto. Te transportan inmediatamente desde tu soledad al universo de otras personas. Siempre hay alguien allí. Durante unos minutos, o una hora, mientras cargas cubos con agua salada y gris, encuentras una intimidad casi dolorosa. La proximidad que hay entre las charcas impone un concenso de ceguera voluntaria, aversivo a la vista, ya que ambos sexos se lavan a sí mismos y a sus ropas, y beben cerca uno del otro.
The Ali sisters, Marimah and Fatimah, at a hand-dug well.
Paul Salopek
