Durante 32 años de trabajo de campo en los desiertos de Etiopía, Tim White–un eminente paleoantropólogo estadounidense–ha superado cada obstáculo concebible que ha aparecido en sus investigaciones sobre nuestros orígenes humanos.
Inundaciones repentinas han ayudado a aislar a sus vehículos en piscinas profundas de mugre. Guerras de pastoreo entre nómadas han bloqueado el acceso a prometedoras camas de fósiles. Visitantes al lado del fuego del campamento como serpientes y tarántulas son parte de la rutina, y se perciben como molestias leves.
Aun así nada ha frustrado la búsqueda del conocimiento de White–o impedido sus ambiciones científicas–tanto como los hombres de ojos duros caminantes y usuarios de sandalias que, valorando doblones por encima de Darwin, navegaron cientos de millas con esquifes abastecidos con metralletas y escaleras de cuerda: los Piratas somalíes.
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