Los humanos dejan huellas imborrables por la superficie de la Tierra. Nos sentimos obligados a modificar nuestro medio ambiente en maneras sistemáticas. Durante esta larga caminata, algunas formas familiares han comenzado a aparecer. La más asombrosa es el montículo.
En el remoto triángulo de Afar en Etiopía, el desierto africano ha sido punteado con miles de monumentos de piedra - tumbas o plintos erigidos para los antiguos muertos. Caminar entre esos artefactos, construidos por los afares nómades locales, fue como atravesar un inmenso cementerio. Son indicadores de memoria.
Ahmed Alema Hessan on the move amid Ethiopia’s mound culture: stone monuments to the dead.
Paul Salopek
En Arabia Saudita este impulso es moderno. Milla tras milla, nos abrimos paso entre miles - no, entre cientos de miles - de pilas de ruinas. Camionadas de tierra dominan el paisaje desértico al norte de Jeddah. Arabia Saudita rebosa de obras de construcción - una prosperidad constructora impulsada por una emergente población joven (el promedio etario del reino es de 26 años) y un presupuesto público más generoso desde la Primavera Árabe. Estos son montículos del futuro. Es apropiado entonces que nuestro camellero, Awad Omran, use un casco azul de construcción que encontramos a un costado del camino para recorrer entre ellos con nuestro camello, Seema.
Mohamad Banounah (walking) and Awad Omran traverse Saudi Arabia’s mound culture: piles of construction spoil.
Paul Salopek
