En Rabigh el subastador de peces se sienta sobre un taburete de madera en el zoco y llama a las pujas por la pesca del día. "35 riales ... 35 ... 35 ... 40 ...40 ... 45 ..." Este antiguo canto suena como una oración monótona. O como el repetitivo canto de una ave costera. Bengalíes e indios conforman la mayoría entre los pescadores del reino - las capturas han estado bajas y muchos pescadores sauditas se han retirado - y arrastran sacos de arpillera hacia el zoco. Éstos contienen unas pocas caballas, un puñado de barracudas, una fanega de nagel, un preciado mero del color del fuego que ahora se acerca a la extinción comercial. Todo termina en menos de una hora.
En el pueblo costero de Thuwal, un pescador saudita desempleado llamado Anwar al-Jahdali cantó para mi. Su repertorio era tan antiguo como las bagalas de madera de teca que alguna vez teñían de blanco el Mar Rojo con las estelas de espuma que dejaban a su paso. Las letras mencionaban nombres olvidados de vientos, de amores perdidos, de súplicas a Alá por mejor fortuna. Anwar no comprendía dónde se habían ido los peces. El gobierno ha cerrado las principales zonas pesqueras y aún así los anzuelos se aflojan. Los peces han "emigrado hacia alguna parte" dice él. Y pensé en mis propios años a bordo de barcos arrastreros en el Océano Índico y en el Noratlántico, recordando cómo nos sentimos especiales, privilegiados y libres - los últimos cazaores-recolectores en el mundo post industrial. Rastrillamos el Banco Georges hasta convertirlo en un desierto.
Hace sesenta mil años, los humanos salieron de África y se abrieron paso por el mundo, digiriendo comunidades faunísticas completas. La comida marina del Mar Rojo, así como los peces comestibles en cualquier parte, ha colapsado nuestro tubo digestivo. Mientras tanto, los amenazados pescadores locales de Arabia Saudita se han ganado sus propios antopólogos. La Universidad de Exeter en Gran Bretaña ha comenzado a enviar etnógrafos a pueblos de Arabia Saudita, como Thuwal y Rabigh, cuyo rol es registrar cánticos tradicionales del Mar Rojo. "Es importante" - dicen los invetigadores - capturar los últimos vestigios de las canciones del mar antes de que se conviertan en mero pastiche.
