Cuando los primeros Homo sapiens anatómicamente modernos se esparcieron fuera de África e ingresaron en la Península Arábica, los mares de la región tenían un nivel de agua más bajo y sus colinas eran más verdes. Las herramientas de piedra descubiertas recientemente en Oman han establecido la fecha de ese primer paso en unos cuarenta milenios o más: en 106 000 años atrás. Si estos primeros caminantes murieron en una de las numerosas expansiones fallidas de nuestra especie o si avanzaron para poblar la Tierra todavía sigue siendo una pregunta sin respuesta.
Lo que no podemos negar es la necesidad que tuvieron de cargar agua.
El peso del agua es una experiencia sensorial que la mayor parte de la humanidad moderna ha olvidado. (La extraña nueva costumbre de portar unos cuantos tragos de agua embotellada no cuenta.) El agua es pesada: nueve libras por galón. Cargar un suministro suficiente de esta vital sustancia por costas agrestes o durante millas tierra adentro en la persecución de rebaños de caza requiere fuerza e ingenio. ¿Qué usaron como contenedores los primeros excursionistas humanos? Nadie sabe. Cantimploras, cubetas, jarras — tales herramientas eran fabricadas con materiales perecibles. Pero la matanza de presas pudo haber generado una innovación que perduró hasta nuestros días entre los pastores remanentes de Arabia saudita: la gurba — una vejiga de agua hecha de cuero de cabra.
Awad Omran, mi camellero sudanés, ha adaptado el antiguo desafío de vencer la sed para un mundo contemporáneo. Ha construido para nuestra pequeña caravana un termo para enfriar agua hecho completamente de materiales de desecho — pilas de basura desechada en los alrededores de una granja en Umlajj.
El refrigerador de agua de Awad opera bajo el simple principio de evaporación. Humedecido y colgado en una montura de camello, su húmedo aislante de cartón enfría nuestras raciones de agua en varios grados. Lo rellenamos constantemente. Es el agua que siempre bebemos. La jarra tardó veinte minutos en construirse. Escuchar motivadoras baladas sudaneses por medio de un teléfono móvil barato mientras se trabajaba era opcional.
