Las viejas balas de cañón tienen el aspecto de piñas oxidadas.
An artillery shell from the Arab Revolt stoked by T.E. Lawrence was found recently in the well of an Ottoman fort near Al Wajh.
Paul Salopek
Los albañiles que están restaurando este viejo fortín otomano a las afueras de la localidad portuaria de Al Wajh se sirven de cubos para extraer docenas de ellas de las profundades de un viejo pozo abandonado. Algunos de estos proyectiles están almacenados en cajas de madera podrida de más de un siglo de antiguedad, y es muy probable que aún estén activos. Evidentemente, esto me recuerda a Lawrence.
Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, me ronda mucho por la cabeza últimamente.
Al caminar hacia el norte rumbo a Jordania, cruzando la región del Hejaz, redibujo la ruta que los primeros pobladores siguieron al dispersarse desde África. Al mismo tiempo atravieso los viejos campos de batalla de la Revuelta Árabe, "el evento secundario de un evento secundario" durante la Primera Guerra Mundial, según la modesta descripción que hace Lawrence del conflicto que resultaría decisivo para el futuro de Oriente Medio.
Al Zureb fortress fell in 1917 to free Arab forces co-led by T.E. Lawrence.
Paul Salopek
La fortaleza de Al Zureb, defendida por huestes turcas aliadas del ejército alemán, cayó a principios de 1917 a manos de una coalición de tropas británicas en buques de guerra y una variopinta caballería de árabes a lomos de sus camellos que galopaban hacia el campo de batalla "ataviados con túnicas teñidas con henna, de un color rojizo, como oxidado, y una capa de color negro. Cada uno de estos guerreros portaba una espada e iba acompañado de un esclavo que, agazapado a sus espaldas, le asistía en la lucha con rifles y dagas, además de cuidar de su camello y de cocinar para él en la expedición." En medio de esa horda colorida y vociferante cabalgaba un extranjero de aproximadamente 1,65 de altura, rubio, con los ojos de un color azul frío y licenciado con honores en Arqueología Medieval por la Universidad de Oxford. De pequeño siempre soñó con ser un gallardo caballero y de mayor, convertido en soldado a las órdenes del Imperio Británico, su objetivo subversivo fue liberar a una gran parte del mundo árabe que por aquel entonces se encontraba sometido a manos de los turcos. Las órdenes que había recibido por parte de la Alta Comandancia británica le instaban simplemente a promover una rebelión y, en última instancia, a traicionar a los árabes que formaran parte de ésta.
Es por esto que Lawrence aún me fascina a día de hoy, por haber sido el pionero de un arquetipo postmoderno: el del héroe comprometido hasta las últimas consecuencias.
Es difícil imaginarnos a día de hoy librando una guerra al noroeste de Arabia Saudí.
Wadi al Safra, where Lawrence first met Prince Feisal, “the leader who would bring the Arab Revolt to full glory.”
Paul Salopek
Los desiertos que atravieso están todavía más desiertos que hace un siglo. Los nómadas beduinos a quienes Lawrence reclutase entonces con promesas de autogobierno y bolsas de oro británico han sido reubicados en diversas ciudades, aunque el "abanico de tribus" que describió en su marcha por el norte rumbo a Jordania -los Juhaina, los Billi o los Howeitat- aún existe. El famoso valle desértico de Wadi al Safra, el hermoso y abrasador enclave donde Lawrence midió sus fuerzas contra el Príncipe Faisal, líder de la Revuelta Árabe, se ha convertido en un verdadero páramo. Las antiguas ciudades amuralladas que Lawrence recorrió a lomos de su camella han sido reemplazadas por centros comerciales. Hoy en día, los saudís no recuerdan prácticamente nada de este líder de la guerrilla británica excepto su famoso apodo.
"Aquí, Lawrence tiene seguidores y detractores por igual", explica Awad Al-Subhi, presidente del Comité de Amigos de la Cultura y los Yacimientos Arqueológicos de los Yanbu. "Era un espía al servicio del gobierno británico, pero una vez aquí, los árabes se ganaron su cariño. Tenía el corazón dividido."
En un ejercicio de tacto, Al-Subhi pasa por alto que a pesar de su pericia en el campo de batalla, Lawrence (cuyas tácticas de insurgencia estudian las tropas americanas desplegadas en Afganistán) apoyó al linaje real equivocado para gobernar Arabia. Los hashemitas, liderados por Faisal, no sólo fueron marginados después de la guerra gracias al cinismo de los imperios coloniales británico y francés, sino que también fueron derrotados en una lucha de poder regional contra los actuales gobernantes de la península arábica, la Casa de Saud. Tras su derrota, Faisal se convertiría en rey de Iraq (sin poder real) y su hermano Abdallah establecería la dinastía hashemita en Jordania.
Un contrariado Lawrence rechazó el título de Caballero del Imperio Británico y se convirtió en el crítico más feroz de los enredos neocoloniales de su país tras la Primera Guerra Mundial. A propósito de un embrollo militar sucedido en Iraq, nación creada por Gran Bretaña en 1920, Lawrence escribe:
"Las tropas inglesas han sido conducidas a una trampa en Mesopotamia, una trampa de la que será difícil escapar con la dignidad y el honor indemnes. Se les ha engañado, ocultándoseles información constantemente. Los comunicados que llegan desde Bagdad son deshonestos, están incompletos y llegan con retraso. Las cosas están mucho peor de lo que se les cuenta, nuestro gobierno allí es más sangriento e ineficaz de lo que la población imagina. Es una deshonra para nuestro palmarés imperial, y en breve la situación será demasiado grave para aplicar una solución ordinaria. A día de hoy, nos encontramos al borde del desastre."
Lawrence falleció en 1935 en Inglaterra, víctima de un accidente de motocicleta. Contaba apenas 46 años y murió protegido por un nombre ficticio.
Mientras resguardo mis ojos del ardiente sol que azota Al Zureb, observo a los jornaleros caminar distraídos entre los restos de artillería abandonada en el pozo de la fortaleza y me vienen a la cabeza el ostentoso oficial británico ataviado con túnicas moriscas, la Revuelta Arabe, la Primavera Árabe... Y se me ocurre que tal vez sea una buena idea advertirles a los hombres que no pateen los explosivos.
