Dejamos nuestra mula en Éufrates y alquilamos un coche para llegar a Edesa.
Un famoso pueblo de peregrinos en Mesopotamia que fue fundado por los asirios. Disputado por los griegos, nabateos, romanos, sasánidas, bizantinos, árabes, armenios, selyúcidas, cruzados y selyúcidas de nuevo. Hace unos 4 000 años, su cruel rey Nimrod ordenó quemar a Abraham vivo por rechazar el panteón asirio. El dios del profeta Abraham se salvó de las llamas convirtiéndolas en agua, y las ascuas en peces. De acuerdo con la tradición musulmana, Dios castigó a Nimrod enviándole un mosquito que entró por su nariz para devorarle el cerebro. El rey, trastornado, ordenó a sus hombres que le golpearan la cabeza con mazos envueltos en fieltro y, más tarde, con palos de madera. Nimrod murió a causa de ello. Una piscina en la moderna ciudad, ahora conocida como Sanliurfa, conmemora el milagro de Abraham. La piscina está llena de carpas sagradas. La gente alimenta a los peces con bolas de comida que bien costarían una lira. Los peces son inmortales y están bastante gordos. Se dice que, si te comes un pez, te quedarás ciego.
Al lado de la piscina de Abraham se encuentra un antiguo bazar desde tiempos de la Ruta de la seda. Los sastres son kurdos. Se sientan en un sombrío patio donde han zurcido agujeros durante miles de años. Beben té. Arruinan su vista introduciendo hilos humedecidos a través de las agujas.
El destino de los imperios más poderosos se levantó y cayó según el movimiento de las mercancías en los mostradores de tablones, ahora desgastados, de Sanliurfa. Tal vez todavía sea así. Hoy, los sastres se encorvan sobre las antiguas máquinas de coser de fabricación estadounidense que Sears, Roebuck & Company comercializaban hace un siglo. Los sastres accionan las máquinas con el pie. Son robustos artefactos de otro tiempo, de una época anterior al crecimiento de las prendas chinas de poliéster desechables, de un mundo del cual Estados Unidos exportó más que su titánica deuda.
—Somos la última generación —dice Muhammed Sadik Demir, sin autocompasión. Se encoje de hombros—. La gente ya no arregla la ropa, la tira.
En realidad, es Deniz Kilic quien lo dice.
On the trail near Tarsus, walking partner Deniz Kilic stands before graffiti commemorating his namesake, a 1960s revolutionary.
Paul Salopek
Kilic, mi guía turco, mi intérprete, se va a casa.
Ha sufrido como ningún otro de mis guías durante el largo sendero de Out of Eden fuera de Etiopía. La espinilla entablillada, los pies inflamados, ampollas y más ampollas. Ha aguantado también el tormento de mis lecturas acerca de paisajes mientras caminábamos, evitando trayectos directos, contorneando las colinas. Sin embargo, nunca se ha parado. Por las mañanas, se calzaba sus botas, tambaleándose. Le gustaba viajar despacio. Le permitía dar rienda suelta a su encanto callejero. Provocando y bromeando, desarmó a todos los que conocíamos en el camino. Llamó al granjero más humilde hoca, maestro. Desde Mersin hasta Sanliurfa, a lo largo de más de 200 millas de montañas, carreteras, playas y campos, fue mi sabio conductor a Anatolia. Me obligó a ver mi primera película en 3D, El amanecer del planeta de los simios, alegando que era una investigación. Sus padres lo llamaron Deniz Gezmiş, como el revolucionario de los años sesenta, la versión turca del Che, y era muy cínico con todos los políticos. Completaba sus pensamientos con fragmentos de canciones pop.
Cruzamos el riachuelo con la mula, "amarillo el submarino es..."
Frunciendo el ceño ante las nubes de tormenta, "aquí viene la lluvia otra vez, cayendo sobre mi cabeza como un recuerdo..."
—Te veré de nuevo —le digo.
Como todos los guías del camino, Kilic está invitado al Canal Beagle, entre Argentina y Chile, la meta de este viaje. Este es el plan: cada compañero, cada guía que haya ayudado a dar forma a la ruta se reencontrará en 2020. Veo a Mohamad Banounah, hijo de La Meca, caminando en Tierra del Fuego envuelto por el viento antártico. Veo a Noa Burshtein, una joven que recientemente ha abandonado el ejército israelí, caminando por las costas empedradas. Y Elema Hessan, la buscadora de fósiles en Afar, viniendo desde las llanuras color marfil del Gran Valle del Rift. Y el guía beduino Hamoudi Alweijah al Bedul de Petra. Y Bassam Almohor de Ramallah. Habrá guías rusos, chinos y colombianos. Veintiún mil millas repletas de compañeros de viaje. Caminaremos juntos, en masa, a lo largo de la última milla del viaje hasta la última playa, como imaginamos. Kilic cantará cariño, hace frio ahí fuera... Este viaje les pertenece. Con puntada e hilo han cosido esta historia en la existencia.
Tu ausencia me ha atravesado como el hilo a través de una aguja. Todo lo que hago está cosido con su color.
— W.S. Merwin
In a bazaar in southern Turkey, Kurdish tailors pump antique sewing machines by foot.
Video by Paul Salopek
