Desde su primer paso polvoriento, la Caminata Fuera del Edén ha sido considerada un viaje compartido.
Esta larga caminata no es mía: Pertenece a todos, porque fueron nuestros ancestros los que trazaron los caminos que hoy sigo — los puntos cardinales de la necesidad y del temor humano, del asombro y de la curiosidad que en la Edad de Piedra nos guiaron a salir de África y cruzar el mundo desconocido.
Hoy concretizamos esta idea al lanzar la "Galería de la Ruta", una presentación periódica que mostrará el arte creativo de las personas que, por razones muy diferentes y variadas, han escogido unirse a mí como guías locales y compañeros de caminata.
Mientras hago una pausa durante el gélido invierno en la República de Georgia, tengo la posibilidad de pensar en las numerosas almas que me han guiado, casi milagrosamente, durante dos años y nueve países, hasta este tranquilo lugar: un anciano de Etiopía dedicado al pastoreo, un fallido candidato al parlamento de Djibouti, la melancólica tripulación de un barco camellero sirio, un arriero sudanés, una valiente periodista saudita, un beduino de luto, un músico israelí, un joven georgiano graduado de secundaria que llevaba en su mochila, como un tótem de añoranza y pertenencia, el cuchillo de caza de su difunto padre.
Algunos de esos compañeros de caminata aparecen como personajes en mis despachos. Otros trabajan tras bambalinas. Todos tienen más que su propia historia para contar. Son artistas por derecho propio. Yuval Ben-Ami, mi guía en Galilea, es un talentoso músico folclórico. Mohamad Banounah, mi hermano en el desierto del Hejaz, está escribiendo un libro. Y los dos hombres que atravesaron el Cáucaso congelado de Turquía y Georgia conmigo — el kurdo Murat Yazar y el francés Matthieu Chazal— son exitosos fotógrafos; registraron nuestro viaje con cámaras, por lo que es apropiado comenzar nuestra galería con ellos. La editora de National Geographic, Kim Hubbard, ha comisariado la siguiente selección del trabajo de ambos fotógrafos en la ruta.
Murat Yazar es un fotógrafo callejero humanitario que caminó más de 600 millas (1000 kilómetros) en Turquía oriental. Nos conocimos, por recomendación de una persona conocida, durante un almuerzo de kebab en el bazar de Şanliurfa. En breve acordamos subir por el Éufrates juntos durante cuatro días. Terminamos pasando más de tres meses juntos. Murat enseña fotografía y su trabajo documental con refugiados, nómades kurdos y la gente común de Anatolia ha sido exhibido en Turquía, Francia, Alemania y Hungría. Murat observa de cerca, como si su vida dependiera de ello.
Matthieu Chazal es un escritor y filósofo de la ciudad de Burdeos. Tomó una cámara hace años e inició un peregrinaje visual que lo ha conducido a Turquía, al Cáucaso y a África. Matthieu caminó cerca de 220 millas (350 kilómetros). Su enfoque narrativo calza con el espíritu de la caminata. Ha pasado años observando las vidas de los romaníes y su visión lírica captura el surrealismo efímero, la ópera, del día a día. (Sus fotos de perros muertos al costado de los caminos de Anatolia son extrañamente maravillosas). Trabaja completamente con película fotográfica antigua. Solamente vio los frutos de su labor después de regresar a Francia — otro vínculo con la caminata: la evanescente habilidad para esperar.
Los lectores preguntan: ¿Cómo adquiero mis compañeros de caminata?
No tengo una fórmula para ello.
En gran parte, es por casualidad. En gran parte, es por serendipia. Yo avanzo, como un testigo humano, pasando de mano en mano por los continentes. Algunas de esas manos guía corresponden a poetas, acuarelistas, bailarines, cantantes, otros escritores. Su arte residirá en la Galería de la Ruta. Mi caminata y su caminata — tu caminata — no es un esfuerzo en solitario. Es una mezcla de pasos. * *
Matthieu Chazal
Me uní a la Caminata Fuera del Edén en Kars, al extremo oriente de Turquía, lugar que he visitado anteriormente, en bus o tren. Caminando, mi primera impresión fue mi proximidad con el paisaje — para un fotógrafo, una colección de horizontes y escenarios. Entonces, el lento ritmo de la caminata me concedió esto: conocer a las personas que viven cerca de los caminos que tomamos, los poblados remotos a los que llegamos. Las caminatas largas son favorables para conversar, para tomar descansos y alojar en casas de familia — ocasiones únicas para tomar fotografías. Cruzar — físicamente — los límites entre Anatolia y el Cáucaso me ha brindado una oportunidad única para aprehender lentamente las dimensiones geográficas y humanas de este territorio.
Murat Yazar
Cuando Paul Salopek me ofreció caminar juntos, yo no estaba seguro de poder hacerlo. Muchos de nosotros, los humanos, olvidamos caminar durante nuestras vidas. Dado que vamos a todas partes utilizando medios de transporte, caminar se vuelve algo poco importante, ya sea durante viajes largos o cortos. No nos gusta caminar. Cuando comencé a caminar en Anatolia, me di cuenta de que no conocía bien mi país. Vivo aquí, pero caminar me brindó la oportunidad de redescubrir mi mundo y mi vida. Caminar nos enseña que no es necesario ser rápido en la vida ni invertir todo nuestro tiempo trabajando. Cuando caminas, necesitas hablar con personas en localidades, pueblos y granjas, lo cual te hace conectarte con los demas de una manera distinta. Caminar me enseñó más que esto. Ahora veo mi vida con más calma y profundidad que antes.
