Una emblemática encrucijada entre Asia y Europa, entre el islam y el cristianismo, entre codiciosos imperios procedentes de los cuatro puntos cardinales. La historia de Tiflis es un caleidoscopio de invasiones y reconquistas.
A lo largo de sus 1500 años de existencia, la capital estratégica de la República de Georgia se ha visto ocupada por los persas, árabes, bizantinos, otomanos y rusos. La esencia de su carácter se ha conservado intacta más allá de su turbulento pasado: Una fortaleza políglota en la antigua Ruta de la Seda que ha dado la bienvenida a todo tipo de mercaderes y adoptado a todo tipo de invasores. Esta actitud despreocupada aún perdura. La vida de un millón y medio de habitantes discurre en esta pequeña ciudad en el corazón del Cáucaso repleta de iglesias ortodoxas georgianas, clubs de música tecno, ciudadelas medievales, mercadillos con postales del camarada Stalin, un parque con dinosaurios animatrónicos, un casco antiguo abalconado y un sinnúmero de tiendas de vinos y negocios familiares de khinkali, la tradicional pasta rellena de carne del país.
Este recorrido interactivo por la ciudad se desarrolló a lo largo de dos días en un círculo de 19 kilómetros (12 millas) en el sentido contrario al de las agujas del reloj.
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