La antigua ciudad de Bujará (Uzbekistán) tiene al menos 2400 años.
Durante su apogeo en la época medieval, la ciudad acogió a algunos de los académicos, arquitectos, filósofos, poetas y científicos más célebres del mundo islámico, incluido Ibn Sina (Avicena), uno de los padres de la medicina moderna. Arrasada por Gengis Kan en el siglo XIII y posteriormente reconstruida, Bujará sufrió finalmente un declive hasta convertirse en una ciudad-estado débil, aislada y despótica en los áridos márgenes de los imperios ruso, persa y británico. Actualmente, el casco antiguo de Bujará todavía conserva decenas de mezquitas, caravasares y madrasas de su época dorada (todas son obras maestras de la arquitectura de Asia Central reconocidas por la UNESCO como lugares Patrimonio de la Humanidad).
En 1918 el escritor y fotógrafo de National Geographic Maynard Owen Williams atravesó Bujará y grabó varias escenas inéditas de los últimos días de la autonomía política de la ciudad. En dos años, Bujará sería conquistada por las tropas rusas de los Bolcheviques y su último emir musulmán se exiliaría permanentemente a Afganistán. Williams, como muchos periodistas de su época, enmarcó sus impresiones de Bujará de forma que resaltaran la pátina «exótica» o «antigua» de la vida en Asia Central. (Título de su artículo en la revista: «Russia’s Orphan Races: Picturesque Peoples Who Cluster on the Southeastern Borderland of the Vast Slav Dominions», en español «Etnias huérfanas de Rusia: poblaciones pintorescas que se agrupan en la frontera sudeste de los vastos dominios eslavos»). También reprodujo su romance como destino antes prohibido: durante generaciones, los remotos kanatos de Asia Central prohibieron a las personas no musulmanas cruzar sus fronteras bajo pena de esclavitud o algo peor. Pero el arqueólogo uzbeko Karim Rustamov señala que en el momento de la visita de Williams las fuerzas mundiales ya estaban remodelando sustancialmente las sociedades medievales de la región: Bujará había adquirido teléfonos, varios edificios de estilo occidental y una oficina de correos, y los productos industriales desbordaban sus mercados.
«Sus días como 'ciudad cerrada' se habían terminado hacía mucho», afirma Rustamov.
Unos 60 años después de que Williams vagara por allí, otro fotógrafo de National Geographic, Dean Conger, visitó Bujará, que era en esos momentos una ciudad provinciana de la República Socialista Soviética de Uzbekistán. En unas fotos no publicadas de los archivos de la revista, tomadas en los años 70 del pasado siglo, Conger muestra arqueólogos soviéticos cavando enormes agujeros en el centro del casco antiguo, en un esfuerzo por hacer retroceder su fecha de fundación.
Como atestiguan las fotos, agrupadas por parejas, el mundo ha cambiado de manera dramática desde que Bujará prosperó hace un milenio como centro de comercio de mercancías transportadas en camello entre Europa y Asia. No obstante, aunque la Ruta de la Seda que atraviesa la estepa de Uzbekistán haya derivado en una Ruta Digital que accede directamente a nuestra mente, permanece el papel de la ciudad como conector de la humanidad (hoy en día a través del turismo cultural).
