¿Qué calamidades o milagros olvidados hace tanto tiempo llevaron nuestros pasos fuera del continente africano?
Esta es una antigua y fascinante pregunta.
Me deja perplejo, durante seis mil millas de mi viaje por el mundo, mientras camino entre las fogatas de los migrantes de la edad de piedra que nos heredaron la tierra, extintas hace tanto tiempo.
Reflexiono acerca de esto mientras mi compañero de caminata, Sergei Gnezdilov, y yo escalamos los blancos capiteles del Tian Shan durante una cacería invernal en Kyrgyzstan. Tian Shan — las Montañas Celestiales. El pico más alto rasca el cielo azulado a 23 400 pies. Es un recóndito fortín para leopardos de las nieves, íbices de Oriente Medio y carneros Marco Polo. Avanzamos con paso pesado por sus arrugadas colinas en busca de presas de caza más humildes, conejos y perdices chukar para nuestra olla. Erkin Ashiraliev, un alegre guardabosque, y Konstantin Inchin, un taciturno fabricante de sidra, se unen a la cacería. Y también lo hacen dos pastores ovejeros locales que nos acompañan como guías.
"Imposible", dice Gnezdilov cuando yo me quejo por mis pies casi congelados. "¡Hace mucho calor acá afuera!"
Cierto: los rayos de sol de Asia Central rebotan en la nieve cegadora. Pero todos mis años en África me han hecho un homínido subtropical. Entonces me quedo rezagado, temblando en mis botas militares kirguisas y hundiéndome hasta las rodillas en polvo de diamante. Los hombres ascienden formando surcos por un empinado barranco, con sus escopetas de calibre 12 cargadas al hombro. ¿La velocidad de salida de los perdigones cargados en esas escopetas? Cerca de 1.200 pies por segundo. ¿La velocidad de lanzamiento de una lanza de madera? Como máximo, quizás cerca de 90 pies por segundo. Hemos desarrollado un fastuoso avance en el arte de matar.
Konstantin Inchin and Sergei Gnezdilov take a break.
Paul Salopek
¿Nos ayudó la invención de los proyectiles a ser una especie planetaria?
Durante muchos años la ciencia indicó que eso podría ser así.
El arco y la flecha —invención trascendental en la caza— figura en el registro arqueológico desde hace 60 o 70 mil años, apenas coincidiendo con la rápida expansión prehistórica del Homo Sapiens anatómicamente moderno fuera de la tierra africana ancestral y por el globo.
Además, investigadores han notado que los esqueletos de nuestros primos más cercanos y competidores globles, los Neardentales, a menudo presentan traumas de cuello y cabeza similares a las heridas sufridas por quienes practican el rodeo. ¿La inferencia? Que los Neardentales, quienes aparentemente no utilizaban arcos, no eran capaces de arrojar lanzas; utilizaban sus afiladas armas solamente para clavar, por lo que se exponían a los peligrosos cuernos y pezuñas de las presas salvajes cuando ejecutaban combates cuerpo a cuerpo. Esta fue una desventaja adaptativa en comparación con los intrusos africanos, los sapiens modernos, quienes habían dominado el lanzamiento de lanzas y flechas desde una distancia segura. Eventualmente, las destrezas técnicas e intelectuales de nuestros ancestros en la cacería empujaron a los neardentales a los márgenes del ecosistema y finalmente al olvido.
A hunting guide displays his prize: a chukar partridge for dinner.
Paul Salopek
Sin embargo, como todo en la vida, la ciencia avanza.
Excavaciones recientes siembran dudas en torno a la teoría de dominación mundial por el uso de proyectiles.
Las armas de lanzamiento son más antiguas de lo que se solía pensar. Sorprendentemente, antiguos guijarros esparcidos en un lecho fósil del país de Georgia — el legendario sitio Dmanisi — sugieren que las rocas fueron lanzadas a depredadores y presas por seres primitivos que pudieron haber estado relacionados con el Homo Erectus. Dmanisi tiene más de 1.8 millones de años de antigüedad. Los proto humanos que habitaron allí son los distantes antepasados tanto de los Neardentales como de los humanos modernos.
Mientras tanto, los mismos expertos que propusieron la hipótesis de los Neardentales como payasos de rodeo han recientemente cambiado de opinión. El descubrimiento de muchos otros esqueletos Sapiens indica ahora que los humanos modernos también estaban magullados en cabeza y hombros. ¿Conclusión? La vida en la edad de piedra no era para debiluchos. O es eso, dicen los científicos, o es que los huesos maltrechos de ambos tipos de homínido son trágicas muestras de violencia entre especies.
¿Debemos siempre caer en la agresión? ¿Fue efectivamente la violencia lo que nos hizo ganar el mundo?
Jadeando debido a la altura, finalmente logro dar alcance a los cazadores. Pienso acerca de la madre de Gnezdilov, Irina, bailando anteriormente con el hermano menor de Sergei, Kirill, abajo en la cabaña familiar. Ella llevaba un vestido rojo. Kirill reía con deleite. ¿No fue el baile lo que conquistó el mundo también? ¿No fue el canto?
Los pastores kirguisos se mueven con total sigilo. Han encontrado huellas de conejo. No hablan más que una palabra o dos. Gnezdilov e Inchin también se han quedado en silencio. Son depredadores. En unos minutos, el vasto cielo sobre las montañas se traga nuestros disparos y los escupe de vuelta —pop-pop-pop— como el sonido de juguetes infantiles. Y el Tian Shan se burla de nosotros en nuestra terrible pequeñez.
A hunting guide displays his prize: a chukar partridge for dinner.
Paul Salopek
Sin embargo, como todo en la vida, la ciencia avanza.
Excavaciones recientes siembran dudas en torno a la teoría de dominación mundial por el uso de proyectiles.
Las armas de lanzamiento son más antiguas de lo que se solía pensar. Sorprendentemente, antiguos guijarros esparcidos en un lecho fósil del país de Georgia — el legendario sitio Dmanisi — sugieren que las rocas fueron lanzadas a depredadores y presas por seres primitivos que pudieron haber estado relacionados con el Homo Erectus. Dmanisi tiene más de 1.8 millones de años de antigüedad. Los proto humanos que habitaron allí son los distantes antepasados tanto de los Neardentales como de los humanos modernos.
Mientras tanto, los mismos expertos que propusieron la hipótesis de los Neardentales como payasos de rodeo han recientemente cambiado de opinión. El descubrimiento de muchos otros esqueletos Sapiens indica ahora que los humanos modernos también estaban magullados en cabeza y hombros. ¿Conclusión? La vida en la edad de piedra no era para debiluchos. O es eso, dicen los científicos, o es que los huesos maltrechos de ambos tipos de homínido son trágicas muestras de violencia entre especies.
¿Debemos siempre caer en la agresión? ¿Fue efectivamente la violencia lo que nos hizo ganar el mundo?
Jadeando debido a la altura, finalmente logro dar alcance a los cazadores. Pienso acerca de la madre de Gnezdilov, Irina, bailando anteriormente con el hermano menor de Sergei, Kirill, abajo en la cabaña familiar. Ella llevaba un vestido rojo. Kirill reía con deleite. ¿No fue el baile lo que conquistó el mundo también? ¿No fue el canto?
Los pastores kirguisos se mueven con total sigilo. Han encontrado huellas de conejo. No hablan más que una palabra o dos. Gnezdilov e Inchin también se han quedado en silencio. Son depredadores. En unos minutos, el vasto cielo sobre las montañas se traga nuestros disparos y los escupe de vuelta —pop-pop-pop— como el sonido de juguetes infantiles. Y el Tian Shan se burla de nosotros en nuestra terrible pequeñez.
