“¿Estás intentando cruzar el Chambal? Ni hablar.”
" Ten mucho, mucho cuidado."
"No se puede hacer, no a pie. "
"No te vayas por allá."
Son mis amigos de las ciudades grandes de la India. Ellos crecieron expuestos a las noticias y a las películas acerca del aislado Chambal, una tierra baldía inabarcable, al norte de su país: una zona roja de colinas desiguales y ríos turbios infestada de matones, ladrones, asesinos y gánsteres que cuenta con infames bandoleros llamados dacoits. Pero yo camino a lo largo del Chambal. Los locales son amables. Me encuentro con mi primer dacoit en el pueblo de Gwalior.
"I was a rebel. I fought injustice," says former dacoit Malkhan Singh, 76, who lives in Gwalior. He sleeps with a rifle "for my protection."
Paul Salopek
“Yo no soy un dacoit,” se queja Malkhan Singh. “Yo era un rebelde. Yo luché en contra de la injusticia. Además, eso fue hace mucho tiempo.”
Singh es un hombre robusto de 76 años. Se sienta descalzo en una silla ornamentada de madera, su cabello escaso y un tikki excepcionalmente grande pintado en su frente. Es cauteloso y brusco. Se rindió a la policía hace mucho tiempo, en 1938, junto con muchos de sus compañeros a cambio de una amnistía general. Sirvió poco tiempo en la carcel. Después le permitieron volver a su vida tranquila como granjero. Aún la policía lo vigila. Pero ahora es jubilado en una casa pequeña ubicada en un barrio de Gwalior, y es cauteloso de reporteros. La prensa siempre viene con las mismas preguntas. ¿Mataste, saqueaste y robaste?("Lo que hicimos fue limpio, nuestras razones fueron limpias.") ¿Montaste caballos? (No: Los Dacoits achechan a pie en el matorral.) ¿Se preocupa por los atracos de venganza por las familias de sus víctimas?
"El miedo es un estado de la mente," dice Singh despectivamente. "Yo no tengo ninguna razón para tener miedo a la enemistad. No tengo miedo."
¿Entonces por qué hay un arma cerca de su cama? Singh sonríe por la primera vez. "¿Qué crees que soy?" dice. "¿Un cazador?"
Extendiéndose por las fronteras de tres estados al norte de la India- Rajasthan, Madhya Pradesh, e Uttar Pradesh- el chambal es una región achaparrada, arañada por incontables y empinados barrancos erosionados llamados beehad, un laberinto de huecos que una vez fueron guaridas perfectas para cientos si no miles de bandidos rurales que aterrorizaron la región durante generaciónes.
The ornate doorway of an old mansion in Sirmathura, Madhya Pradesh. Inequalities under India's feudal land system may have sparked dacoit crimes, but the violence soon became far more complicated.
Paul Salopek
La industria cinematográfica ha idealizado las hazañas de los dacoits de la región en la misma manera en la que Hollywood idolatra los pistoleros del Antiguo Oeste.
Pero en realidad, la gran parte de la violencia ordenada del Chambal ha disminuido. Los hombres malos ahora están muertos o rengueando. A comienzos de los años 2000, operaciones policiales masivas, el uso de helicópteros, y la construcción inexorable de carreteras dejó los criminales sin ningún lugar donde esconderse.
Dilip Singh Parmar, el alcalde delegado de un pueblo aislado llamado Sirmathura, se acuerda de aquellos Días de la Frontera (que se refiere a la celebración llamada Frontier Days, una celebración estadounidense que conmemora la expansión de los colonos hacia el oeste de dicho país). "
Parmar recuerda como un red de avanzadas policiales expusieron pósters de "se busca" ofreciendo grandes recompensas por los bandidos más famosos. Unos dacoits acumularon una gran cantidad de acusaciónes de homicidio. Fueron los reyes bruscos de los barrancos y las colinas. Robaron a empresas, es verdad, pero si eras pobre, te pagaban los gastos médicos o finianciaban tu boda. Su táctica preferida: secuestrar a la gente rica y cortar sus dedos, narices, u orejas para dar un empujón a sus parientes para que cumplieran las demandas de rescate.
Las bases de aquel caos se enraizaron muy profundamente en las desigualidades del subdesarrollo, el feudalismo y en el sistema de castas, según Parmar.
"Antes de la independencia tuvimos zamindars (propietarios)que cobraban impuestos y pagar aquellos impuestos era muy difícil," dice, notando que muchos de aquellos propietarios pertenecieron a una clase de guerreros de aristócratas llamados Rajputs. "Si eras un Rajput, vivías en una casa grande, montabas un caballo, y nadie de una casta más bajo podía utilizar tu pozo o sentarse bajo tus árboles," dice. "La unica manera en la que los reprimidos podían luchar por su dignidad era con un arma."
Puede que el más famoso de los bandidos fue Phoolan Devi, una mujer del pueblo quién, tras ser violada por un grupo de señores Rajput , se convirtió en una "reina bandida" y se propuso a vengarse, matando a 22 Rajputs, presuntamente, en una sola batalla. Hicieron películas de la vida de Devi. Se convirtió en un miembro del parlamento de India, antes de que la asesinaran en una vendetta.
Pero la versión heróica de Bollywood de los dacoits, como revolucionarios de clase, oscurece una verdad aún más complicada. Hasta personas Rajput se convirtieron en bandidos. Y la cultura severa de la gente del Chambal- un código violento de respeto masculino que alcanzó otros aspectos de la gobernancia dura, de los Apalaches al Cáucaso- también influyó.
Balwant Tomar, a former dacoit leader in the rugged Chambal region, surrendered to police with 106 other robbers.
Paul Salopek
"Tenemos familias grandes y terrenos pequeños que no se puede dividir," dice Balwant Tomar, 66, quien ha tenido casi 150 cargos criminales en su contra y quien admite al delito de haber matado a tiros a nueve hombres en su antigua carerra como dacoit. "Muchas familias se peleaban. Y si el gobierno no te da justicia, ¿qué puedes hacer? Te mueres de hambre o te conviertes en un dacoit."
Ashok Bhadoriya, un "especialista de encuentro", o un policía de operaciones especiales, ubicado en Gwalior, ha ayudado a los cuerpos policiales de India a matar a más de 116 dacoits y a enviar a más de 1.000 a la carcel en el transcuro de su carerra de más de 30 años.
"Hay algo en el agua del Chambal que hace a la gente agresiva y directa," dice Bhadoriya. Alto, tranquilo y fornido, mueve con el paso cauteloso de alguien que ha caminado por millas en las colinas y que sobrevivió un disparo de emboscada. "Un dacoit me puso una recompensa de 50 lakh rupias," dice- alrededor de $70.000.
Bhadoriya cree que la forma del crimen en el Chambal ha cambiado hoy en día porque la gente ha cambiado. Pocos jóvenes locales pueden aguantar la lluvia, el barro, los escorpiones y la vida siempre en camino de un bandido rural. Los nuevos dacoits son urbanos. Se han convertido en blandos. Se aprovechan de las mujeres y no patrocinan los principios del Robin Hood. A diferencia de los antiguos matones, que tuvieron sus codigos. Es una vieja historía.
Bhadoriya ahora se ha jubilado y ha entrado en la política. Ha disputado un puesto en la asamblea legislativa en contra de un contricante a quién había enviado a la cárcel, Malkan Singh, el antiguo dacoit quién duerme con un arma.
