Avanzamos hacia el este a orillas del Ganges hasta que el río cortó hacia el norte como una espada de acero que atraviesa las planicies hacia Varanasi.
La ciudad más sagrada de la India, la Jerusalén del hinduismo, estaba envuelta en nubes de polvo —polvo de ladrillo, polvo de mortero. Un ejército de trabajadores golpeó las paredes del vecindario Lahori Tula con mazos y palancas para nivelar su retorcido laberinto de callejones y edificios ladeados. Uno de los distritos más deteriorados de la ciudad fue bombardeado y convertido en un montón de ruinas. Por la noche, trenes espectrales de mulas y caballos cargados con cestos llevaban tonelada tras tonelada de escombros.
Workers are demolishing buildings in the city's Lahori Tula neighborhood to make way for broad walking corridors to accommodate Varanasi's yearly influx of pilgrims.
Paul Salopek
"Nuestro plan maestro ha cambiado", dijo Vishal Singh, el secretario de la Autoridad de Desarrollo de Varanasi, acerca de un nuevo y ambicioso proyecto que busca abrir corredores peatonales para los cientos de miles de peregrinos que visitan Kashi Vishwanath, el templo más sagrado de la ciudad, todos los años. Para aliviar esa congestión, manzanas completas de la ciudad de Varanasi fueron arrasadas para dar paso a jardines, lavabos y tiendas. Docenas de santuarios ocultos, algunos de los cuales tienen siglos de antigüedad, fueron descubiertos al derribarse las casas de los residentes.
"Al principio iba a ser una franja de tierra clara y limpia", dijo Singh. “Pero empezamos a encontrar templos más pequeños. Ahora todos ellos serán accesibles por medio de un complejo entramado de carriles".
A shopkeeper made homeless by the multimillion-dollar urban makeover.
Paul Salopek
Vistiendo un traje de negocios, Singh se sentó detrás de un gran escritorio en una oficina con más de 20 sillas vacías. Los empleados iban y venían con documentos que él debía firmar. Algunos se inclinaban hacia su oreja y susurraban. Un nandi dorado adornado con pétalos de rosa meditaba sobre el escritorio. Singh dijo que 296 edificios serían demolidos a causa del plan de embellecimiento de $85 millones. Miles de personas de la localidad estaban siendo desplazadas. Les ofrecieron una compensación pero no muchos parecían felices.
Varanasi es conocida entre los hindúes devotos como Kashi, el lugar "donde brilla la luz suprema". Los 88 ghats de la ciudad trastabillan hacia el Ganges en pasos bellamente desgastados. En su parte inferior, los devotos lavan sus pecados en la corriente. Cerca de 30.000 personas al año son cremadas en los ghats. Los cuerpos de bebés y hombres santos flotan río abajo o se hunden allí con piedras, porque no tienen culpa y no necesitan el fuego purificador. En esta zona, el Ganges se tiñe con cenizas y aguas residuales, y se llena de vacas muertas. Pero los religiosos beben agua del río porque nada puede mancillar la pureza de Ma Ganga, la diosa del río que monta un cocodrilo. Puedes almacenar el agua del Ganges en un frasco y será potable 20 años después.
A shopkeeper made homeless by the multimillion-dollar urban makeover.
Paul Salopek
Vistiendo un traje de negocios, Singh se sentó detrás de un gran escritorio en una oficina con más de 20 sillas vacías. Los empleados iban y venían con documentos que él debía firmar. Algunos se inclinaban hacia su oreja y susurraban. Un nandi dorado adornado con pétalos de rosa meditaba sobre el escritorio. Singh dijo que 296 edificios serían demolidos a causa del plan de embellecimiento de $85 millones. Miles de personas de la localidad estaban siendo desplazadas. Les ofrecieron una compensación pero no muchos parecían felices.
Varanasi es conocida entre los hindúes devotos como Kashi, el lugar "donde brilla la luz suprema". Los 88 ghats de la ciudad trastabillan hacia el Ganges en pasos bellamente desgastados. En su parte inferior, los devotos lavan sus pecados en la corriente. Cerca de 30.000 personas al año son cremadas en los ghats. Los cuerpos de bebés y hombres santos flotan río abajo o se hunden allí con piedras, porque no tienen culpa y no necesitan el fuego purificador. En esta zona, el Ganges se tiñe con cenizas y aguas residuales, y se llena de vacas muertas. Pero los religiosos beben agua del río porque nada puede mancillar la pureza de Ma Ganga, la diosa del río que monta un cocodrilo. Puedes almacenar el agua del Ganges en un frasco y será potable 20 años después.
A Hindu priest rests on a sidewalk in the Lahori Tula neighborhood. Holy men are a fixture in the city, which is a magnet for Hindu pilgrims.
Paul Salopek
"¿Dónde se supone que debemos vivir?", dijo Naresh Pandey, uno de los miles de sacerdotes hindúes que realizan ritos funerarios en los ghats de Varanasi. “El gobierno se está llevando nuestro hogar. Hemos vivido ahí por muchas generaciones".
El edificio costero de Pandey en Lahori Tula fue designado para demolición en el plan de reurbanización de la ciudad. Luchó para evitar el desalojo pero fracasó. Como la mayoría de los habitantes desalojados del barrio histórico, la familia de Pandey era arrendataria allí. Habían heredado de generación en generación un insignificante pago de arriendo controlado. El propietario estaba encantado de entregar su propiedad desmoronada al gobierno. Otro sacerdote vestido de azafrán que no quiso decir su nombre dijo que el proyecto de embellecimiento destruiría la antigua fibra social de Varanasi, pero que apoyaría la eliminación de su vecindario si el gobierno también derribaba la mezquita de Gyanvapi.
At the bottom of Varanasi's ghats, or steps, devotees wash away their sins in the sacred Ganges. Some 30,000 people are cremated at the ghats each year.
Paul Salopek
En 1669, el emperador mogol Aurangzeb arrasó el templo original de Kashi Vishwanath en el centro de lo que hoy es el proyecto de renovación urbana y erigió la mezquita encima de él. Los arqueólogos creen que el famoso templo hindú fue sido destruido y reconstruido al menos cinco veces.
Al despedir el humo de la pira en la orilla del río, el desamparado sacerdote Pandey explicó que los fuegos de los ghats de Varanasi eran prácticamente eternos, ya que se reavivaban de brasa en brasa a través de miles de años continuos de cremaciones. Morir y ser arrojado al Ganges en Varanasi, dijo, era una garantía de moksha, una liberación del agotador ciclo de lucha terrenal, de la repetición, de la reencarnación, de las miserias de la muerte y el renacimiento.
