Inmediaciones de la aldea de Quli, provincia de Shaanxi, China: 37° 17' 26" N, 110° 40' 52" E
Tras 2.900 kilómetros caminando por China, por fin nos acercamos, envueltos en la sofocante niebla de polvo que el viento arrastra desde Mongolia, al famoso Huang He, que en mandarín también recibe los contradictorios nombres de río Madre y río del Desastre.
¿Por qué?
Porque la sexta vía fluvial más larga del mundo es al tiempo yin y yang –alfa y omega– en las interminables crónicas de la memoria de China. Existe el río como cuna de la cultura: de él manó la civilización Han. Y existe el río como sepulcro de cráneos: 2.500 años de registros sugieren que la indómita corriente se ha desbordado, a menudo con consecuencias catastróficas, al menos 1.600 veces. En 1931, una sola crecida se llevó por delante hasta cuatro millones de vidas. (Últimamente, sin embargo, exprimido por faraónicos proyectos de irrigación, el río ya no siempre alcanza el mar de Bohai).
A riverside shrine evokes China's historic connection with this stream of memory and forgetting.
Out of Eden Walk
La gruesa arena de las orillas tiene el tono amarillo de la harina de maíz. Los amentos secos de los juncos, que se mecen cual pálidos banderines en el aire cargado de arena, lucen el color amarillo del pergamino. El pelaje de las liebres que saltan desde los bordes amarillea como la hierba agostada. Y arriba, a través de la sucia tormenta, una ampolla de sol arde en un amarillo fuego. Pero el Huang He, el río Amarillo en sí, es verde verde verde... o más bien de un lechoso jade mate, matizado por ameboides sombras de olas verde botella y salpicado de diamantes por doquier.
Faded deities and mythological creatures, such as Lei Gong, the god of thunder, adorn an abandoned shrine on the banks of the Yellow River.
Paul Salopek
«Cuántas guerras hubo aquí», dice Luo Xin, mi compañero de andanzas, brillante escritor y profesor de historia en la Universidad de Pekín.
Pido a Luo que las enumere.
Sin romper el paso, enumera las guerras libradas entre los Tres Reinos hace más de 2.200 años. Y luego la guerra Han-Xiongnu del siglo II a.C. Y las posteriores campañas de Liu Bobo contra el imperio Qin. Y la dinastía Tang contra la dinastía Song del Norte. Y las guerras fronterizas de la época Ming. Ya en tiempos recientes, la guerra civil china y la guerra contra la agresión japonesa. Las aguas encenagadas del río Amarillo se tragaron caídos en todas ellas.
El hermano Luo tiene tanto de artista como de académico. Las inmemoriales cargas de aflicción que arrastra el río lo sumen en el silencio.
Faded deities and mythological creatures, such as Lei Gong, the god of thunder, adorn an abandoned shrine on the banks of the Yellow River.
Paul Salopek
«Cuántas guerras hubo aquí», dice Luo Xin, mi compañero de andanzas, brillante escritor y profesor de historia en la Universidad de Pekín.
Pido a Luo que las enumere.
Sin romper el paso, enumera las guerras libradas entre los Tres Reinos hace más de 2.200 años. Y luego la guerra Han-Xiongnu del siglo II a.C. Y las posteriores campañas de Liu Bobo contra el imperio Qin. Y la dinastía Tang contra la dinastía Song del Norte. Y las guerras fronterizas de la época Ming. Ya en tiempos recientes, la guerra civil china y la guerra contra la agresión japonesa. Las aguas encenagadas del río Amarillo se tragaron caídos en todas ellas.
El hermano Luo tiene tanto de artista como de académico. Las inmemoriales cargas de aflicción que arrastra el río lo sumen en el silencio.
Pitching tents on the banks of the Yellow River—a rare camping experience on the trek through China.
Liu Lifeng
«Hay un famoso poema sobre los huesos de los hombres muertos en el río Amarillo, que esposas y amantes siguen esperando –añade al fin–. Le buscaré una buena traducción.»
Pero continuamos la pesada marcha y Luo Xin, que tiene muchas otras cosas en la cabeza, se olvida. Nunca conoceré el poema. Y al acampar esa noche junto al colosal tobogán de aguas, me despertaré sobresaltado con las primeras luces grises, sin saber dónde estoy, sin conocer el sonido de mi propio nombre.
