"¿A dónde vais?" preguntan los nómadas de Afar. "Al norte. A Yibuti." (No decimos que a Tierra del Fuego. Está demasiado lejos - no tiene sentido.)
"¿Estáis locos? ¿Estáis enfermos?"
En respuesta, Ahmed Alema Hessan - nervudo y energético, el hombre al que acudir definitivo, un pícaro encantador, mi guía y protector a través del abrasador Triangulo de Afar - se dobla sobre sí mismo y ríe. Él guía nuestra microcaravana: dos delgados camellos. Ya he oído sus carcajadas muchas veces. Este proyecto es para él un golpe de gracia - una broma cósmica. ¡Andar durante siete años! ¡A través de tres continentes! Constantes dificultades, soledad, incertidumbre, miedo, cansancio, confusión - todo por una mochila de ideas, palabrería, conceptos científicos y literarios. Disfruta con lo absurdo de ello. Es apropiado. Sobretodo dado nuestro ridículo comienzo.
Esta mañana levantamos el campamento en la oscuridad, en Bouri, el humeante hogar de Alema - un pueblo de aficionados fumadores - al oeste a los pies del gran Rift Valley, en el árido noreste de Etiopía.
Me levanté y vi nieve: espesa, densa, asfixiante, cegadora. Como plancton en el fondo del mar, blanca y arremolinandose sobre el brazo de mi lámpara noche. Era el polvo. Cientos de animales de la aldea habían levantado una nube tan fina como el talco. Cabras, ovejas, vacas, burros y camellos - pero, tristemente, no nuestros camellos.
John Stanmeyer-VII
Los animales de carga que había solicitado el pasado Octubre (un acuerdo clave en un proyecto que ha consumido miles de horas de planificación) no estaban por ningún lado. Sus camelleros tampoco estaban. Nunca aparecieron. Así que nos sentamos en el polvo, esperando. El sol salió. Comenzó a hacer calor. Al este, a través del Rift, que crece cada año un cuarto de pulgada, se encuentra nuestra primera frontera: Yibuti.
¿Estáis locos? ¿Estáis enfermos? ¿Si? ¿No? ¿Quizá?
El cielo sobre nosotros es del color del plomo pulido.
El Triangulo de Afar es temido por ser un terreno muerto y sin agua, como un paisaje lunar. Temperaturas de 120ºF. Salinas tan brillantes que ciegan. Sin embargo, hoy ha llovido. Y Alema y yo no tenemos tiendas a prueba de agua. Tenemos una bandera de Etiopía, en la que Alema se ha envuelto. Dirijimos a nuestros camellos nosotros mismos. (¿De quién son? No estoy seguro. Alema los ha conseguido al estilo de Afar, por casualidad.) Avanzamos hacia una sencilla acacia oscurecida hasta el color del chocolate por la cálidas gotas de lluvia. Pisamos un negativo fotográfico. Los pies como mocasines de los camellos levantan la frágil costra de humedad, dejando atrás blancos circulos de polvo seco.
Paul Salopek
Alema está cansado.
Ha olvidado sus nuevas zapatillas de América para andar. Y su linterna. Y su sombrero - y el teléfono móvil. Por lo que ayer tuvo que volver a su aldea, haciendo un viaje desde nuestro segundo campamento, en Aduma, para recuperar estos objetos vitales. Ha trotado todo el camino de vuelta para cogernos. Y ahora se queja, riendose, de una erupción en un lugar privado.
Estas distracciones son entendibles. Es imposible recordar cada detalle de una caminata de esta magnitud, esta longitud, este alcance. Parece un paseo vespertino. Yo lo he planeado durante muchos meses y he olvidado cosas. Los sacos de nailon para meter el equipaje, por ejemplo. Por ello, mi maleta de avión, mi equipaje urbanita con rollos de plastico y asa plegable, se encuentra amarrada a la espalda del camello.
Loading up for the trek from Bouri village to the Ethiopia-Djibouti border.
John Stanmeyer-VII
Los cientificos del proyecto Middle Awash nos invitaron a comenzar nuestro camino en Herto Bouri, una simbólica milla cero en el Rift, que se encuentra entre los yacimientos de huesos humanos más ricos del mundo. Este es el famoso yacimiento de fósiles donde se han encontrado tres de los seres humanos más antiguos del mundo. Homo sapiens idaltu. Desaparecidos hace unos 160,000 años. Un antepasado robusto y de cara grande: nosotros, pero no precisamente nosotros.
Los investigadores del proyecto Middle Awash, liderados por Tim White, Berhane Asfaw y Giday Woldegebriel, han descubierto algunos de los fósiles de homínidos más importantes de nuestros días en Etiopía, incluido Ardipithecus ramidus, un simio bípedo de 4,4 millones de años. (Pronto escribiré más sobre estos buscadores de oro). Mi guía Alema, de 60 años, es su veterano cazador de fósiles.
Criado en una cultura nómada temida por sus guerreros, Alema habla tres idiomas: Afar, amárico y un profano dialecto inglés aprendido de los científicos de Middle Awash. Es un paleontólogo por derecho propio. Exclama "wow" y "crazy, man" y "jeezus", mientras identifica los estratos geológicos clave del Rift. Él es el balabat, o líder tradicional, del clan Bouri Modaitu del Afar. Su teléfono móvil contiene los números de importantes etíopes y académicos franceses. Con una educación de octavo grado, une más mundos dentro de su cabeza que un Leonardo, más tiempo que un Einstein. Es un fenómeno.
Estamos acampados en Aduma cuando los científicos de Middle Awash nos encuentran. Han venido a mostrarnos un yacimiento arqueológico.
"Estas herramientas aún son un poco tempranas para las personas que estás siguiendo", dice Yonatan Sahle, un investigador etíope. "Pero su tecnología era básicamente así de avanzada. Hicieron puntas para lanzar que les permitieron superar a los otros homínidos que encontraron fuera de África ".
Nos inclinamos sobre una punta de piedra que descansa sobre la grava donde su fabricante la dejó caer hace unos 80,000 años. La admiramos.
Middle Stone Age point, Afar region, Ethiopia.
Paul Salopek
Una mujer de Afar pone el grito en el cielo en el desierto. Agita sus brazos. ¿De dónde viene? ¿Nos está advirtiendo que salgamos de su colina? ¿Está enfadada? No. Se dirige hacia un miembro del equipo que dormita en el suelo. Le da una patada aguda. Le arroja una piedra, una herramienta de la Edad de Piedra Media, tal vez, y amenaza con abrirle la cabeza. ¿El cobro de una deuda? ¿Una cuestión del corazón?
Escucho a la víctima riendo. Conozco esa risa. Es el hombre que, durante las próximas seis semanas, me guiará a Yibuti y al Mar Rojo.
