Los Afares dicen que el ejército de Mussolini lo construyó durante la segunda guerra mundial. Fue difícil imaginar a los vivaces napolitanos en este paisaje tan apartado. No quedaba mucho ya. Algunos puentes arrastrados. Y pilas enigmáticas de piedras oscuras cada 50 yardas por el salar, probablemente para guiar a las caravanas durante las tormentas de arena. Lo más italiano que tenía era natural: las superficies agrietadas de los lechos de ríos secos que cruza. Los vientos desérticos las pulieron hasta brillar - el mejor mosaico romano de la naturaleza, hermoso a la vista, una delicia sobre la cual caminar.
A veces, es la tierra la que imita al arte.
