Acampamos en una licorería.
No se parece a ninguna otra licorería que haya visto antes: un pequeño oasis de palmeras dum, arrastrándose con hombres Afar - jovencitos larguiluchos, abuelos seniles - que deambulan cortando los árboles con cuchillas. Un oasis de carniceros locos.
The source of the brew—doum palms.
Paul Salopek
Muchos de los árboles jóvenes son decapitados, cortados hasta quedar como protuberancias, convertidos en tocones. Debajo de los cortes abiertos cuelgan vasos hechos de viejas botellas plásticas, cuyo propósito es atrapar el néctar de la palmera que rezuma melancólicamente en un esumoso babeo. Esta savia viscosa será fermentada durante una semana junto con el fruto de la palma. El producto final parece limonada, tiene un sabor dulce y es gaseosa. Cada árbol produce alrededor de cinco galones.
The cut that quenches thirst—slicing doum palms to make palm wine.
Paul Salopek
Escondido en este desierto aullante: una licorería de vino de palmera.
"Es muy nutritivo, incluso para los niños," explica mi guía camellero Mohamed Houssain, en tanto compra una botella grande o seis para nosotros. "Puedes añadirla al cereal de sorgo. Está llena de vitaminas. De esa forma, no se contagiarán con malaria. ¡Podrán ser mordidos por los mosquitos pero no desarrollarán la enfermedad!"
Cameleer Ibrahim Hagaita brings survival rations of palm wine along for the trail.
Paul Salopek
Un elíxir que Humphrey Bogart aprobaría.
