"Ellos tomaban café cada lunes y viernes, poniéndolo en un recipiente grande hecho de arcilla roja. Su líder lo sirvió con un pequeño cazo y se lo dio a beber, pasándolo a la derecha, mientras recitaban una de sus fórmulas habituales, en su mayoría "La illaha il'Allah ..."
- Ibn 'Abd al-Ghaffar, escritor árabe del siglo XVI.
Tu caminas por el wadi durante 12 millas jalando a un camello en una soga. Debajo de un sol que talla una ranura en tu cabeza. Que te tuerce en el sentido de las agujas del reloj. Que te perfora lentamente en la arena fundida ...
Ves tiendas de campaña blancas bajo un kopje. Ves a mujeres corriendo para esconderse dentro de las tiendas. Son beduinos, las mujeres y sus familias, fanáticos que se resisten a la comodidad de las ciudades. Arriba en el ardiente pedazo de piedra acechan algunos lobos. Ellos también son los últimos de su clase.
Esto es lo que recordarás:
No es el espacio operístico. No el calor. No los picos afilados cincelados como estériles montes Cervinos, montañas como colmillos, balizas que los peregrinos alguna vez utilizaron para guiarlos hacia la Meca. No. Son las diminutas tazas de porcelana blanca colocadas en las palmas de los hombres. Hombres vigilantes y educados. Manos engrosadas con callos. Y el disco caliente de líquido dentro de las copas, una decocción que los místicos árabes inventaron hace siete siglos: de color verde pálido, el color improbable del hielo marino. La suavidad de un líquido en medio de tanta dificultad. Cómo te levanta de la alfombra. Cómo te re-ata tus botas. Cómo te lleva de la mano y te lleva al desierto a caminar de nuevo.
Video by Paul Salopek, Adam Jabari Jefferson
