Debes dar a los camellos un descanso generoso al mediodía. Eso mejora su temperamento.
Evita que los camellos caminen sobre piedras: la pata de un camello no es una pezuña dura, sino una almohadilla suave, mullida como una manopla de cocina. (Fares, nuestro camello más viejo, nos muerde el hombro con la boca mientras lo llevamos de la soga y aprieta suavemente, para expresar su malestar, al caminar sobre rocas afiladas.)
Los camellos pueden viajar de tres a cinco días sin agua. Algunos beduinos afirman, con admiración, que estos animales pueden aguantar la sed todavía más tiempo: durante semanas o incluso meses. No es recomendable poner a prueba estas afirmaciones, nacidas de un amor desmedido.
Durante el viaje, alimenta a tus camellos dos veces al día, a la mañana y a la noche: un rollo de alfalfa de un palmo de grosor y, cuando tengas, un balde de grano. También comen cáscaras de naranja y banana, pan duro, la envoltura de plástico con burbujas de la computadora portátil, el pelo arraigado en tu cuero cabelludo y mil variedades diferentes de hierbas, plantas con espinas, arbustos y árboles. No te alarmes por la amplitud del paladar de un camélido. Sus estómagos están hechos de titanio. Sin embargo, si padecen indigestión, debes sujetarlos por las fosas nasales hasta que vomiten, por lo general, sobre tus zapatos.
No mimes a tu animal. Un camello es un compañero de trabajo, no una mascota. Debes mirarlo a sus enormes ojos color azabache y hablarle firmemente. Puedes recompensarlo rascándole la oreja.
Nunca golpees a tu animal: los camellos recuerdan. (Se dice que el profeta Mahoma consoló a un camello lloroso que encontró atado a un poste en Medina: el camello, con el pelaje mojado por las lágrimas, se lamentaba por el maltrato de su amo. El profeta buscó al dueño y lo reprendió duramente.)
Puedes trabajar con el mismo camello durante muchos años... y todavía habrá 70.000 secretos que nunca te revelará. Esto me lo dijo el embajador de Yemen en Yibuti.
Colocar la carga en un camello implica enfrentarse a un problema intimidante de geometría, de arquitectura: la joroba. La ubicación de la montura es esencial. No puede estar ni un centímetro muy adelante ni un centímetro muy atrás. De lo contrario, el camello se quejará. Se revolcará en la arena. Ninguna joroba es igual a las demás. Por lo tanto, debes lograr la perfección de la carga solo con una. Awad Omran, mi camellero sudanés, coloca la carga de Seema. Yo coloco la carga de Fares. Hacemos esto tres veces al día (amanecer, mediodía, noche). Es un ritual placentero que nos conecta a través de nuestras manos con estos animales grandes, fatalistas, orgullosos. Un ritual que extrañaré muchísimo en el industrializado hemisferio norte, donde voy a padecer, como todos los demás, la hegemonía de los autos.
Video by Paul Salopek, Adam Jabari Jefferson
