Cuando andas sin prisas por el mundo, es inevitable toparte con la policia. Es así de simple.Tanto como que los coches han conquistado nuestro planeta.
Toda sociedad motorizada mira a los caminantes con sospecha. Las personas que caminan desafían los controles de tránsito, logran sobrepasarlos. Los caminantes no se someten con pasividad a las prisiones que llamamos caminos asfaltados. Los caminantes, en concreto, no tienen automóviles, algo completamente herético, subversivo o, al menos, digno de desprecio. Algo tan simple, pero que ubica a muchos caminantes dentro de la clase baja de los pobres, los marginales, los vagabundos, los posibles anarquistas, los criminales, los lunáticos de afiliación dudosa. ¿Por qué caminan? ¿Acaso no pagan impuestos? ¿Llevarán una bomba?
Hace dos años comencé mi aventura en el Gran Valle del Rift, en Etiopía, en el afán de reconstruir la caminata ancestral de nuestra especie desde África y alrededor del mundo a pie. Llevo más de 6400 kilómetros a través de los desiertos del Cuerno de África, las zonas en conflicto de Oriente Medio y las huertas de pistacheros de Asia Menor. Los cuerpos de seguridad locales (policía, fuerzas armadas, soldados, oficiales de inteligencia vestidos de civil, oficiales de migraciones) me han retenido 42 veces: un promedio de una parada cada 160 kilómetros. En Chipre, en la Línea Verde, me paró una oficial británica una vez. Turquía, un país ciertamente muy extenso, lidera el podio con 17 paradas, lo cual incluye una emboscada de las fuerzas kurdas en la cual casi recibo un disparo.
Registré mi latitud y longitud en cada uno de estos encuentros mediante un dispositivo GPS portátil. Mis colegas en el Centro de análisis geográfico de Harvard y el grupo Knight Science Journalism Fellowship en el MIT vertieron toda esta información en un mapa digital. La idea es crear, si bien de carácter completamente anecdótico, un registro personal de la libertad para circular alrededor del mundo.
Mis intercambios con la policía suelen ser positivos y muchas veces los oficiales sólo quieren corroborar que me encuentre bien. Incluso mis experiencias más complicadas con la policía no tienen comparación con la situación de los caminantes verdaderamente desvalidos que me cruzo en el camino: inmigrantes etíopes indigentes, por ejemplo, o sirios que huyen de la guerra. Hay algo que aprender y es que caminar puede hacerte libre, pero no invisible.
El control policial más nostálgico hasta la fecha:
Acceso al mapa de paradas policiales aquí.
