Durante más de 2000 años las riquezas de Eurasia se balanceaban sobre los camellos a través de una trenza continental de Rutas de la Seda: las especias iban hacia el oeste, el cristal hacia el este, las pieles al sur y un constante suministro de oro, plantas medicinales, animales exóticos (en el siglo IV a. C. Alejandro se llevaba elefantes de la India), porcelana y, por supuesto, deslumbrantes rollos de tela de seda se dirigían prácticamente a todos los lugares. Y aun así, el artículo comercial más importante en la historia clásica siempre ha sido mucho menos tangible: las ideas. Para compartir tales conocimientos entre las civilizaciones (los avances en la ciencia, los trabajos artísticos, los sistemas de filosofía e incluso en las nuevas religiones) se necesitaba un medio escrito duradero y portátil. De ahí surgió el producto más revolucionario del mundo antiguo: una hoja de papel.
«Antes del papel utilizábamos piedras, arcilla, madera, pieles de animales y papiros para escribir», afirma Zarif Mukhtarov, último fabricante de papel tradicional en Samarcanda (Uzbekistán). «El papel es mucho mejor. Puedes transportarlo fácilmente y dura mucho tiempo». Mukhtarov señalaba el bloc de notas de mi reportero. «Su papel industrial puede durar cien años, tal vez. El mío dura mil. Y es mucho más bonito».
Mukhtarov es un trabajador artesano uzbeko que intercambiaba arcilla por celulosa. A lo largo de varios años de búsqueda tenaz y experimentación, revivió el olvidado arte de la elaboración artesana del papel a partir de corteza de morera en las afueras de Samarcanda.
Su anticuado molino de agua gira, chirriante, en un canal de riego. El eje del molino (un simple tronco) hace girar los engranajes que impulsan los mazos hacia arriba y hacia abajo, que a su vez transforman las tiras de corteza en lodo de celulosa marrón. Esta sopa fibrosa se apresta sobre pantallas. Después, las hojas empapadas resultantes se prensan hasta quedar lisas con una gran piedra de río. Los trabajadores pulen el papel a mano una vez seco, utilizando cuernos de cabra y conchas marinas. El papel de Mukhtarov, codiciado por artistas, es suave como la seda y tiene el color del té con leche.
Zarif Mukhtarov’s traditional papermaking operation
Video by Paul Salopek
En la Edad Media, Samarcanda (principal centro comercial en Asia Central) era la capital del papel en un mundo árabe-musulmán en auge.
«El papel era... esencial para la burocracia que administraba su imperio, para las muchas cosas nuevas que estaban aprendiendo y para su cultura artística y científica, cada vez más rica», escribe Mark Kurlansky en Paper: Paging Through History. Kurlansky explica que los árabes producían una variedad infinita de papeles: las hojas gruesas y de color crema eran las preferidas de poetas y académicos. Se diseñó una versión fina y ultraligera para los mensajes que transportaban las palomas mensajeras. Normalmente se acredita a los chinos la invención del papel sobre el año 250 a. C. Los europeos, partidarios de las pieles animales, no adoptaron la novedad hasta un milenio después.
¿Nos dirigimos a un futuro sin papel?
Puede que sí, puede que no.
Uno de los detalles más llamativos de los vídeos de la tragedia del 11S son los torrentes de papeles que se precipitaban desde las dañadas torres de oficinas de la ciudad de Nueva York: muchos expertos creen que las toneladas de papel ardiendo fueron en parte responsables del colapso estructural de los rascacielos. El hecho de que los edificios pudieran haber sobrevivido al ataque si ese acto terrorista hubiera ocurrido en el mundo actual, cada vez más digitalizado, es una cuestión sin resolver.
Dicho esto, el papel no va a desaparecer en un futuro próximo.
The raw material: mulberry bark
Paul Salopek
Un estudio reciente en Gran Bretaña demostró que tres cuartos de los negocios modernos todavía dependen de alguna manera de la escritura manual en papel. (El sueño de una «oficina sin papeles» es todavía lejano). Además, una sólida prueba neurológica demuestra que escribir la información en papel es una manera mucho mejor de aprender que teclear la misma información en ordenadores u otros aparatos electrónicos. El conocimiento en papel se adhiere.
«Nuestros ancestros aprendieron a fabricar papel de dos soldados chinos que fueron capturados», afirma Mukhtarov, orgulloso en su fábrica papelera de Samarcanda. «Era un proceso muy secreto. Era complejo, como fabricar seda».
Mukhtarov se refiere a la famosa batalla de Talas que tuvo lugar en el año 751 d. C. entre el creciente califato árabe y China. Pero esta teoría se ve desacreditada por un descubrimiento arqueológico más antiguo. La evidencia de papel en Asia Central se remonta a principios del siglo IV; consiste en un decrépito montón de cartas que fueron redactadas por una esposa resentida y dirigidas a su errante y mezquino marido: «Preferiría ser la esposa de un perro o de un cerdo que la tuya», escribió.
Aparentemente, sus mensajes «Querido John» de 1600 años de antigüedad nunca fueron enviados.
