Explorar los recovecos del mundo, especialmente si eres hombre y tu itinerario transcurre a través de sociedades rurales con valores muy conservadores, puede ser una experiencia eminentemente masculina, sin muchas oportunidades de interactuar con mujeres.
En el transcurso de los últimos cuatro años y medio he recorrido cerca de 10.000 kilómetros a pie a través de tres subcontinentes como parte de mi periplo, el proyecto Out of Eden, y reconozco que en ese recorrido no ha sido nada fácil encontrar mujeres guía.
De los guías locales que me han acompañado en mi aventura hasta el momento, veinticuatro han sido hombres: un variopinto conglomerado de hermanos entre los que se incluyen nómadas etíopes a lomos de camellos, un general ya retirado de las fuerzas especiales del ejército saudí, un fotógrafo palestino, un cantante travesti israelí, un estudiante de secundaria georgiano y un juez de divorcios kazajo cuyo nombre figura en la lista negra del país. Sin embargo, sólo siete mujeres han tenido la oportunidad de contribuir a nuestro proyecto global, que como ya sabéis, tiene como objetivo contar la historia del periplo de los primeros pobladores que partieron desde África. Casi todas ellas eran amigas que estaban de visita o colegas periodistas, y la mayor parte de ellas me han acompañado durante un breve periodo de tiempo. Si bien es cierto que mi itinerario ha atravesado países cuyas sociedades no promueven la interacción casual de personas de diferentes sexos, es importante hacer hincapié en un hecho global, y es que en pleno siglo XXI todavía se puede decir que vivimos en un planeta con una profunda división en materia de género.
Shoxaydarova, ready for a hard day's walking in the rugged Pamirs of Tajikistan.
Paul Salopek
Llegamos a las alturas de la fría cordillera tayika del Pamir, una de las más accidentadas y agrestes que por las que he pasado hasta el momento, y nos llevamos la grata sorpresa de descubrir que vamos a estar acompañados de dos mujeres fuertes y tenaces a quienes no les asusta la idea de guiarnos durante un tramo de 40 kilómetros calzadas no con botas de montaña sino con sandalias.
Furough Shakarmamadova y Safina Shoxaydarova, ambas de 23 años, son amigas desde la infancia y pioneras en su campo.
Estas dos mujeres pertenecen a la primera generación de guías profesionales de montaña femeninas, más conocidas como Pamiris, que desarrollan su actividad en la remota comunidad de montañeros musulmanes chiíes donde residen.
Conozco a la exuberante, ocurrente y ávida lectora Shakarmamadova en un puesto fronterizo de Tayikistán a unos 4500 metros de altura, donde está acampada. Su tienda luce parcialmente derrumbada, no a causa del fuerte viento, sino porque los soldados, en su afán por ayudar a esta joven que ellos deben haber considerado vulnerable, la han roto por accidente. Sin embargo, Shakarmamadova, una mujer de recursos, se las ingenia para reparar su tienda con una bobina de alambre. Su nivel de organización llega a tal punto de tener una hoja de Excel para llevar la cuenta de sus gastos.
Shoxaydarova, en cambio, es más introvertida y se afana en su labor de marcar la posición de pozos y manantiales en sus mapas topográficos. La imagen de Safina que se me ha quedado grabada en la memoria es la de su figura erguida pese al viento y pese al peso de la enorme mochila que carga a sus espaldas, siempre unos metros por delante, guiándonos a través del agreste terreno salpicado de argalíes de Marco Polo, de sus escarpados picos y de sus gélidos torrentes.
Cuando bromeo con ella a causa de su adicción a embadurnarse de protector solar, me contesta riendo que va de boda en unos días.
Y así es.
Después de recorrer más de 400 kilómetros a través del llamado "techo del mundo", una imponente cordillera de Asia Central que frenó el avance de las tropas rusas, Shoxaydarova contrae matrimonio en la montañosa localidad pamiri de Khorog. Afortunadamente, las marcas de las picaduras de mosquito en el cuerpo de Safina ya han desaparecido. Subida a unos zapatos rojos de tacón de aguja, Shoxaydorova se tambalea bajo el peso no de su macuto sino de los innumerables velos con brocados que la familia de su marido retira uno a uno. Al ritmo de los timbales de piel de oveja, bailo con la madre de su amiga Shakarmamadova, que no puede asistir al evento por encontrarse en Pakistán participando como voluntaria en un proyecto de recogida de basura en el K-2, la segunda montaña más alta del mundo.
Estas mujeres son extraordinarias, y esto se debe en parte a que la cultura pamiri es una cultura especial.
Los pamiris son seguidores del ismaelismo, una corriente tolerante del Islam liderada por el 49º Aga Khan, líder espiritual y temporal descendiente del Profeta Mahoma. Como dato interesante, el actual imán, Su Alteza el Príncipe Karim Aga Khan, es licenciado por la Universidad de Harvard. Los ismaelíes, repartidos por más de 25 países, creen firmemente en la autosuficiencia, el servicio a su comunidad y la neutralidad política. También defienden y promueven la igualdad de género más que ninguna otra corriente del Islam: recientemente, un imán ismaelí instó a las familias de su comunidad que sólo tuvieran medios para educar a uno de sus hijos a decantarse por escolarizar a la niña, en el caso de tenerla. Muchos de los ismaelíes tayikos tienen los ojos azules y hablan lenguas que descienden del persa antiguo. El propio Alejandro Magno contrajo matrimonio con la princesa sátrapa Roxana, la que fuera su única esposa, a su paso por esta zona.
La úlitma vez que veo a Shoxaydarova está, cómo no, caminando.
Va ataviada con sus mejores galas, saliendo de la casa de su abuelo en Khorog y caminando del brazo de su ya marido al ritmo de la palpitante música. A la pareja le sigue una procesión de parientes que transportan el lecho nupcial, decorado con un lazo. El futuro le sonríe a Shoxaydarova, ya que tiene un proyecto conjunto con Shakarmamadova para fundar la primera empresa de guías de senderismo gestionada por mujeres de Tayikistán.
Shoxaydarova, ready for a hard day's walking in the rugged Pamirs of Tajikistan.
Paul Salopek
Llegamos a las alturas de la fría cordillera tayika del Pamir, una de las más accidentadas y agrestes que por las que he pasado hasta el momento, y nos llevamos la grata sorpresa de descubrir que vamos a estar acompañados de dos mujeres fuertes y tenaces a quienes no les asusta la idea de guiarnos durante un tramo de 40 kilómetros calzadas no con botas de montaña sino con sandalias.
Furough Shakarmamadova y Safina Shoxaydarova, ambas de 23 años, son amigas desde la infancia y pioneras en su campo.
Estas dos mujeres pertenecen a la primera generación de guías profesionales de montaña femeninas, más conocidas como Pamiris, que desarrollan su actividad en la remota comunidad de montañeros musulmanes chiíes donde residen.
Conozco a la exuberante, ocurrente y ávida lectora Shakarmamadova en un puesto fronterizo de Tayikistán a unos 4500 metros de altura, donde está acampada. Su tienda luce parcialmente derrumbada, no a causa del fuerte viento, sino porque los soldados, en su afán por ayudar a esta joven que ellos deben haber considerado vulnerable, la han roto por accidente. Sin embargo, Shakarmamadova, una mujer de recursos, se las ingenia para reparar su tienda con una bobina de alambre. Su nivel de organización llega a tal punto de tener una hoja de Excel para llevar la cuenta de sus gastos.
Shoxaydarova, en cambio, es más introvertida y se afana en su labor de marcar la posición de pozos y manantiales en sus mapas topográficos. La imagen de Safina que se me ha quedado grabada en la memoria es la de su figura erguida pese al viento y pese al peso de la enorme mochila que carga a sus espaldas, siempre unos metros por delante, guiándonos a través del agreste terreno salpicado de argalíes de Marco Polo, de sus escarpados picos y de sus gélidos torrentes.
Cuando bromeo con ella a causa de su adicción a embadurnarse de protector solar, me contesta riendo que va de boda en unos días.
Y así es.
Después de recorrer más de 400 kilómetros a través del llamado "techo del mundo", una imponente cordillera de Asia Central que frenó el avance de las tropas rusas, Shoxaydarova contrae matrimonio en la montañosa localidad pamiri de Khorog. Afortunadamente, las marcas de las picaduras de mosquito en el cuerpo de Safina ya han desaparecido. Subida a unos zapatos rojos de tacón de aguja, Shoxaydorova se tambalea bajo el peso no de su macuto sino de los innumerables velos con brocados que la familia de su marido retira uno a uno. Al ritmo de los timbales de piel de oveja, bailo con la madre de su amiga Shakarmamadova, que no puede asistir al evento por encontrarse en Pakistán participando como voluntaria en un proyecto de recogida de basura en el K-2, la segunda montaña más alta del mundo.
Estas mujeres son extraordinarias, y esto se debe en parte a que la cultura pamiri es una cultura especial.
Los pamiris son seguidores del ismaelismo, una corriente tolerante del Islam liderada por el 49º Aga Khan, líder espiritual y temporal descendiente del Profeta Mahoma. Como dato interesante, el actual imán, Su Alteza el Príncipe Karim Aga Khan, es licenciado por la Universidad de Harvard. Los ismaelíes, repartidos por más de 25 países, creen firmemente en la autosuficiencia, el servicio a su comunidad y la neutralidad política. También defienden y promueven la igualdad de género más que ninguna otra corriente del Islam: recientemente, un imán ismaelí instó a las familias de su comunidad que sólo tuvieran medios para educar a uno de sus hijos a decantarse por escolarizar a la niña, en el caso de tenerla. Muchos de los ismaelíes tayikos tienen los ojos azules y hablan lenguas que descienden del persa antiguo. El propio Alejandro Magno contrajo matrimonio con la princesa sátrapa Roxana, la que fuera su única esposa, a su paso por esta zona.
La úlitma vez que veo a Shoxaydarova está, cómo no, caminando.
Va ataviada con sus mejores galas, saliendo de la casa de su abuelo en Khorog y caminando del brazo de su ya marido al ritmo de la palpitante música. A la pareja le sigue una procesión de parientes que transportan el lecho nupcial, decorado con un lazo. El futuro le sonríe a Shoxaydarova, ya que tiene un proyecto conjunto con Shakarmamadova para fundar la primera empresa de guías de senderismo gestionada por mujeres de Tayikistán.
Video by Paul Salopek
Al cabo de unas semanas, cuando ya he salido rumbo a Afganistán acompañado de un nuevo guía, un hombre, recibo un correo electrónico de Safina que dice: "Fue un placer acompañarte en un tramo de tu viaje. Gracias a esa experiencia, ahora me siento más fuerte y segura de mí misma".
Agradezco la cortesía de Safina, pero todo el mérito es suyo.
