Mi compañero de caminata, Naveed Khan, y yo avanzamos trabajosamente por una cruel pista de asfalto en la cordillera de Karakoram en el norte de Pakistan. A nuestras espaldas: avanza la montaña azulina conduciendo a los resecos desiertos de China occidental y a las praderas alpinas del norte de Afganistán. Delante de nosotros: la frondosa meseta de Punjab y, eventualmente, la costa abrasada del Mar de Arabia.
Pero antes, una parada para repostar: una choza de lata corrugada al borde de la carretera. Dos planchas de piedra plana y gris, apoyadas con firmeza sobre patas oxidadas de fierro, hicieron las veces de mesas rústicas. La estrella del menú: un elíxir propio de la naturaleza, jugo de espino amarillo.
"Después de que lo tragas, entra en tu sangre y cura tus enfermedades," señala Inayat Bakht, la propietaria, una mujer de mediana edad. Ofreciendo una cucharada del líquido anaranjado brillante como muestra gratis, Bakht añade seriamente: "Los expertos han venido a estudiar el espino amarillo. Tiene al menos 27 distintos usos medicinales. Trata el cáncer, el acné, las infecciones y la obesidad." Un hombre de bigote que estaba al lado de ella se toca la panza. Se trata del esposo de Bakht, Gulam Samad Shah. "Dos cucharadas al día", dice Shah sonriendo. "Perdí cinco kilos."
¿Qué es el espino amarillo?
Hippophae rhamnoides, como se conoce a esta planta por su nombre en Latín, es un arbusto oscuro y caducifolio con hojas plateadas y espinas muy afiladas que se distribuye ampliamente por el Viejo Mundo. En Europa Occidental, frecuentemente crece como hierba a lo largo de las costas saladas (a lo que debe su nombre común). En Asia Central, donde lo he encontrado por cientos de millas a lo largo de mi viaje por el mundo en los pies de nuestros ancestros de la Edad de Piedra, es una planta común de las áridas tierras altas. Los agricultores en Tajikistan lo plantaban a modo de alambrada de púas natural para cercar sus prados. Los Afganos rurales mordisqueaban sus frutos -pequeños, redondos y de un color anaranjado brillante como huevas de salmón- mientras guiaban a sus ovejas por desfiladeros y barrancos. Lo mismo hice yo. Al comerlas crudas, las bayas presentan una mezcla de sabor entre tarta de limón y albaricoque dulce. Es delicioso y refrescante.
"Durante siglos ha constituido nuestra comida central," me dijo mi guía en Afganistán, Inayat Ali. "Además bebemos el jugo del espino amarillo como té. Está lleno de vitaminas."
En el escarpado altiplano Himalaya donde viven Ali y Bakht, la sosa planta es conocida como khorz zag en el idioma local Wakhi, que significa "espina dulce". Más lejos, recibe nombres mucho más elogiadores: la cura para todo y súper alimento. Los resultados de recientes análisis de laboratorio han arrojado que esta fruta es en efecto altamente rica en vitamina C, ácidos grasos y muchos otros nutrientes. El Dr. Mehmet Oz, estrella de un popular programa de salud en los Estados Unidos, mostró recientemente dos ratones; uno grotescamente gordo y otro que había adelgazado tras una dieta que incluía espino amarillo, como prueba de las propiedades adelgazantes de las "bayas milagrosas." Y China, que ha utilizado el espino amarillo en su medicina tradicional, está sacando buen provecho de la nueva popularidad de la planta. En cierta época el espino amarillo era sembrado en grandes plantaciones principalmente para estabilizar las arenas desérticas. Hoy en día, sus arbustos crecen para sacar provecho de sus prometedoras propiedades medicas e incluso cosméticas: Las bayas ricas en ácidos grasos son utilizadas para rejuvenecer la piel arrugada. Los tubos de crema de mano y cara tienen un valor de entre $10 y $40.
Sea buckthorn juice. The taste is acerbic. Many consumers water it down.
Paul Salopek
"Una compañía me llevará a China este invierno," comenta con mucho orgullo Bakht, la emprendedora de bayas junto a la carretera. "Quieren que les enseñe a cosechar a mano." En su choza del camino, ella vende los frutos silvestres del espino amarillo frescos y secos. Ofrece mermelada de bayas de espino amarillo y también té de las mismas. Bakht invierte diez arduos días en recolectar apenas 5 libras de bayas.
Los expertos recomiendan tener cuidado con las afirmaciones más exageradas acerca de la magia del espino amarillo.
Los ratones no son personas. Se necesita desarrollar mayor experimentación. La ciencia es un proceso lento y laborioso. No hay atajos. No hay avances fáciles ni conclusiones rápidas. Todo se reduce a repetición, a estadísticas. Hay una prueba, una fórmula, llamada chi-cuadrado: Mide la relación entre dos variables. ¿Son significativas o son aleatorias? Supongo que si se pudiera de alguna manera cuantificarlas, se podría calcular de esa manera la importancia de la vanidad humana, del miedo a envegecer, o de la esperanza contra el dolor y la muerte.
Naveed Khan y yo le agradecimos a Bakht. También agradecimos a su esposo Shah. Caminamos avanzando sobre el asfalto castigador.
Llevo una pequeña bolsa de bayas de espino amarillo en mi mochila y pienso en las fuertes manos de Bakht: rasguñadas y pinchadas por las espinas durante el extenuante proceso de cosechar las bayas. ¿Es su sacrificio, me pregunto, la variable que hace toda la diferencia?
