En la distancia veo un grupo de árboles.
Esto es algo bueno. Cuando caminas por paisajes áridos, en este caso las rojizas colinas rocosas del este de Rajasthan, cada árbol representa un oasis. Un área de sombra. Un lugar donde sentarse. A menudo, en compañía de un dios: Los árboles son santos en la India. Mucha gente mantiene pequeños santuarios de árboles. Pero esta extraña arboleda es diferente. Troncos fornidos, ramas nudosas. Hojas que revolotean en la brisa, un semáforo de verde-plateado y coriáceo.
¿Son realmente olivos?
Sí. Son el regalo que Atenea le dio a los griegos.
El olivo no es un árbol nativo de la India. El gobierno lo introdujo en el subcontinente hace más o menos una década como parte de un experimento agrícola. Un funcionario indio de visita en Israel en el año 2006 admiró los cultivos de olivo que prosperaban en kibbutz. ¿Por qué no plantar tan maravillosos árboles en el árido estado indio de Rajasthan? ¿Por qué no alentar al pueblo indio a consumir este antiguo fruto? (El aceite de oliva es usado como medicina y para hacer masajes en la India pero no ha sido incluido en su picante cocina). Y así, miles de plántulas y un puñado de israelitas expertos en olivos fueron trasplantados en el este.
"I didn’t know what olives were before working here," says Lali Mina (right), an olive leaf harvester at the experimental farm near Bassi. The leaves are used to make tea.
Paul Salopek
Hoy, hay siete parcelas de prueba de olivos en el norte de la India. Los 2.135 árboles que hay en la granja experimental del distrito Bassi, al este de la ciudad rosa de Jaipur, todavía no producen cantidades suficientes para el comercio del fruto. El problema: Los olivos requieren entre 200 y 300 horas de temperaturas gélidas cada año para florecer y llegar a ser fértiles.
"Acá no alcanza a hacer tanto frío", dice Suraj Kanwar, el amistoso y enérgico agrónomo que administra la granja experimental. "El clima y el suelo que tenemos aquí no es como el de Israel, pero es lo suficientemente parecido como para hacer investigación".
Kanwar me acompaña por invernaderos de última tecnología. En el interior hay plántulas de un año de edad que han crecido hasta la cintura. Son vendidas a los granjeros a precio rebajado, subsidiado. Ella me instala en un pequeño y robusto jeep y me lleva a una arboleda madura donde trabajan mujeres locales. Se dedican a sacar las hojas de los árboles con sus manos desnudas y musculosas. Debido a que las arboledas de la granja son en gran parte estériles, Kanwar y sus colegas deben encontrar nuevos usos para los árboles. Las hojas se procesan para hacer algo innovador: té de oliva.
"Yo no sabía lo que era la oliva antes de hacer esto", dice Lali Mina, una de las cosechadoras.
No es la única. Poca gente lo sabe.
Para la mayoría de las personas, la oliva es un mero aderezo — utilizada como aceite en la ensalada, picada sobre la pizza, como decoración clavada por un mondadiente o sumergida en el fondo de un martini. Pero para los antiguos habitantes del Creciente Fértil, lugar donde este árbol crecía silvestre y luego evolucionó para comenzar a ser domesticado al menos hace 6 mil años, las olivas eran la vida misma: una gran fuente de nutrientes, un sinfín de riqueza, un sacramento poderoso.
Subhankar Moulick offers a sampling of newly tested olive leaf teas.
Paul Salopek
Durante milenios, el aceite de oliva ha sido muy valorado como limpiador, como perfume y como fuente de luminaria para lámparas. La gente del mediterráneo alguna vez untó aceite de oliva en su piel para mantener el calor corporal. "Hay dos líquidos aceptables en el cuerpo humano", escribió el filósofo romano Plinio en el siglo I, "vino adentro y aceite afuera". Este árbol adquirió una mística divina. Con una ramita de olivo en el pico, una paloma anunció a Noé el término del diluvio. Cómo la rama de olivo llegó a ser el símbolo de la paz, sin embargo, es un misterio. Durante mi largo viaje a pie por el mundo, he llegado a asociarla con la guerra en vez de la paz. La última vez que descancé bajo el polvoriento follaje de un olivo, escuché disparos provenientes de las colinas de la Ribera Occidental (Cisjordania).
"Pocas cosas son más saludables que los productos del olivo", dice Subhankar Moulick, administrador de una compañía india que está probando el primer té de hoja de olivo del mundo, desarrollado en la granja de Bassi. "El olivo tiene ingredientes naturales útiles para combatir las enfermedades al corazón, antioxidantes para el cuidado de la piel e incluso propiedades anticancerígenas".
La fábrica de Moulick se encuentra entre las arboledas exiliadas. Seca y tritura las hojas sobre una cinta transportadora, luego les mezcla limoncillo, menta e incluso albahaca —la hierba santa de la India Hindú. Nos sirve unas muestras.
Sucio, sudoroso y quemado por el sol tras tanto caminar, bebo un sorbo.
Algo refinado y muy antiguo se halla impreso en el sabor a oliva del té. Es delicioso pero difícil de identificar. Inefable. En el Éxodo, cuando los israelitas huyeron de Egipto, Dios los guió por el desierto en la forma de una columna de humo. En hebreo, la palabra que se usa para columna, timara, se traduce literalmente como "árbol" o "con forma de árbol". Mientras dejo la delicada taza sobre la mesa, pienso que a esto se debe de referir aquella palabra entonces: al olivo.
