Fue durante Ramadan, en el mes del ayuno. El mes de la depuración. El mes más santo del calendario lunar musulmán. Fue en Medina — en las afueras de Al-Masjid al-Nabawī, la mezquita del Profeta Mahoma, el segundo sitio más santo en el Islam después de la Meca. Sesenta mil personas se habían reunido al anochecer para romper el ayuno del día juntos. Había cierta vibración de luz en el aire: Un cielo pálido, tierno y amarillo al atardecer. Frente a mí se encontraba sentado un hombre grande de Afganistán — un Nuristani de rojos cabellos. Había gente de todos los rincones del mundo, hambrientos, meditando internamente en silencio, esperando. Yo no soy musulmán. Pero de todas formas había estado ayunando todo el mes, por respeto, para saber. El Nuristani me pasó su naranja. Yo le pasé la mía. Hicimos ese intercambio varias veces, riendo. Y luego comimos en silencio.
