A veces viajaban con un cañón de señalización. Así era como se comunicaban. Sus columnas tenían las dimensiones de una cancha de fútbol. Iban estrechamente formados. Polvorientos. Rechinando. Tintineando. Quejándose. Suspirando. Una corriente de personas y animales: ríos de vida que se filtraban lentamente por uno de los paisajes más amenazantes del Levante, los desiertos austeros y las montañas lunares del Hejaz. Los peregrinos ricos montaban camellos (con las mujeres recluídas en vagones). Los pobres, como siempre, caminaban. Viajaban en masa para protegerse de los grupos merodeadores de beduinos. A cincuenta días de Damasco. A veinticuatro días de Sanaa. A dos meses del Cairo. Todos ejecutando el sagrado deber Hajj — el sueño que cada Musulmán tiene de visitar la ciudad sagrada de la Meca una vez en su vida.
"Era cerca de las diez en punto cuando se disparó la señal y entonces, sin desorden, las literas fueron levadas y remangadas sobre las bestias de carga, y los miles de jinetes montaron en silencio. La longitud de la lenta multitud caminante era de cerca de dos millas, y su ancho ocupaba unos pocos cientos de yardas en las planicies. Marchamos sobre un inmenso vacío, una llanura de gravilla donde no hay nada, ni siquiera camino ante nosotros." — Charles M. Doughty, explorador británico, que se unió a una caravana Hajj de 6 000 personas y 10 000 animales de carga en el año 1876.
Las antiguas huellas Hajj todavía surcan los desiertos de Arabia Saudita.
Las seguimos.
The three elements of Wadi al Safra: sand, stone, sky.
Paul Salopek
Caminamos entre las dos líneas de piedra que marcan los bordillos de esos antiguos caminos trazados a pie — vericuetos olvidados que se extienden como pálidos listones por las abultadas y oscuras colinas de las montañas del Hejaz. Caminamos pesadamente entre trabajos de arte abstracto que son hermosos pozos de piedra esculpida a mano. Avanzamos con mucho esfuerzo por las almenas de las ciudadelas desmoronadas que fueron erigidas por los pachás otomanos de Constantinopla, los últimos constructores de esas antiguas rutas de caravana. Caminamos sobre polvo comprimido, que ha alcanzado la dureza del concreto gracias a siglos de pisadas de patas de camello, sandalias de humano, pezuñas de burro. Ibn Battuta, el Marco Polo musulmán (caminó más de 70 000 millas en el siglo XIV) pasó por estos caminos. También lo hicieron mercaderes que transportaban oro y olíbano, reyes de Mali y poetas de Yemen: Ahmad Ibn ‘Isa al Rada’ I compuso una detallada oda a la ruta que se halla al norte de la meca desde su pueblo natal. Los camelleros aprendieron las estrofas de memoria y, en consecuencia, memorizaron un mapa en verso.
Artifacts from early pilgrimages.
Paul Salopek
"Un viajero es la persona más merecedora de recibir protección," declaró el Califa ‘Umar en el año 638 D.C. tras ordenar la construcción de las primeras estaciones balnearias entre la Meca y Medina en el año 638 D.C. Involuntariamente, inauguró un programa de trabajos de vías públicas islámicas que perduraron más de mil doscientos años: fuertes, cisternas, casas de descanso, plantaciones de palma datilera, canales, e incluso señalética vial hecha de granito. A veces esos servicios no eran suficientes.
"Algo se les apareció a los peregrinos mientras llegaban a la costa salada," escribió poéticamente Al Mokhaerzi, un viajero del siglo XV que atravesaba el Hejaz, acerca del agobiante sol del desierto. "Era un planeta que surge y se hace más y más grande. Gran maldad sale de éste. Los peregrinos se reunieron y el sol los quemó fuertemente. Muchos caminantes murieron. Y luego muchos jinetes murieron. Y sus camellos y sus burros también murieron. Sus pérdidas fueron muchas."
Este desvanecido sistema de caminos que atraviesa la península Arábica, utilizado por cientos de miles, si es que no por millones, de personas, es un artefacto que merece mucha mayor atención de la que hoy recibe. Es un sitio de herencia global que está desapareciendo en el Hejaz. Fue una de las primeras autopistas de la información del mundo — una red arterial de idiomas, etnia, comercio, ideas — que unía Arabia con África del Norte, el Mediterráneo y el Este. La comisión del gobierno saudita de Turismo y Patrimonio ha comenzado a destacar este tesoro en una exposición itinerante, "Los Caminos de Arabia." Hoy en día, dichos caminos podrían significar un símbolo unificador para el mundo musulmán: No es simplemente una reliquia de la grandeza pasada, sino que constituye líneas de cohesión que atan el Medio Oriente a la Meca.
La última caravana oficial que recorrió nuestra ruta — el Camino Egipcio — fue señalada en un libro de registro por un secretario otomano en el año 1883. Pero la gente aún recorría ese camino en la década de 1940.
Remote oasis on the pilgrim road.
Paul Salopek
"Fue entonces cuando los autos llegaron a Arabia Saudita y las carreteras modernas reemplazaron los caminos," señala el historiador Sami al Nawar. "De hecho, una de las primeras leyes sauditas de tráfico fue ‘No tocar la bocina a las caravanas de camellos.’”
No vemos caravanas mientras seguimos el desvanecido tarik al hajj hacia el norte, en dirección a Bilad al-Sham— hacia Jordania.
Ali in repose. Trees like life rafts.
Paul Salopek
Ocasionalmente vemos una camioneta pick up Toyota Hilux conducida por beduinos que van en busca de sus animales.
Siempre vienen directo hacia nosotros. Nos miran de soslayo, con la boca abierta, a través de las ventanas de sus vehículos. Dicen que nunca han visto caminantes en esta ruta antes. En esta ruta que es tan antigua como kadim. Un camino del cual sus padres oían historias. Pero que hoy en día ellos no siguen.
