No solo es poco común. . . pero además es cauteloso y esquivo a un nivel casi mágico, y tan bien camuflado en los lugares que elige para acostarse que uno puede mirarlo directamente a distancia y no verlo.
— Peter Matthiessen, El Leopardo de las Nieves
Estamos caminando a lo largo del Corredor Wakhan en el norte de Afganistán. Vemos a los aldeanos plantando árboles.
¿Por qué están plantando árboles?
Por qué un árbol ofrece sombra, forraje, combustible para cocinar, materiales de construcción y, tal vez, fruta. Porque un árbol siempre agrada al ojo. Porque los árboles son vida. Por mucho tiempo ha habido pocos árboles en el Corredor Wakhan, una parte remota de Afganistán que se extiende por unas 170 millas a tráves del Karakoram hacia la frontera salvaje del oeste de China. ¿Por qué? Primeramente, el paisaje aquí está a gran altura, es rocoso, y en su mayoría seco: un desierto alpino frío. Segundo, el valle principal del Corredor Wakhan ha estado habitado por miles de años–era una arteria de la Ruta de la Seda–y su escasa cubierta de árboles fue arrasada hace mucho tiempo. Pero hoy en día bosques enteros de árboles jovenes están brotando.
"Cientos de miles de sauces, álamos y árboles de espino amarillo se han plantado en los últimos años", dice Inayat Ali, mi compañero en esta caminata a través de la región de Wakhan. Ali es una versión moderna de Johnny Appleseed. El trabaja para la Fundación Rupani, una filantropía que evalúa su propio éxito y el bienestar de los agricultores locales conocidos como Wakhi, en la abundancia de las hojas en los árboles–en la clorofila. "El año pasado plantamos 5.000 áboles frutales", dice Ali. "Para el siguente año esperamos llegar a 25,000".
Estos huertos jóvenes, agrega Ali, ofrecen a muchos de los residentes empobrecidos del Wakhan su primer probada de manzanas, cerezas y albaricoques frescos. Y esto es verdad. Caminamos por aldeas con muros de piedra en angostas calles construidas solo para peatones, y la gente saca sus cosechas para compartir con nosotros. Esto incluye novedosos vegatales como cebollas y tomates. Una mujer agricultora que creció con una dieta de pan y té dice que ella tuvo su primer bocado de calabaza hace solo dos años. Otra razón para esta pequeña revolución agrícola: Los valles de los ríos en Wakhan se están calentando. Los glaciares también se están derritiendo. Los árboles de albaricoques que antes florecían en mayo ahora lo hacen en marzo.
Este es el reino de los humanos.
Muy por encima del verdor, en los valles medievales del Wakhan se encuentra el dominio salvaje de la Panthera uncia, el leopardo de las nieves.
Los leopardos de las nieves son depredadores de grandes altitudes. Son reliquias de las edades del hielo, adaptados al frío extremo, a tormentas de nieve y vertientes verticales – y rara vez son vistos por debajo de los 6.000 pies. Sus pieles son de color blanco humo con rosetas cenicientas. Sus ojos, cortados a la mitad por pupilas felinas verticales, son del color de la escarcha. La mitad de sus cuerpos de seis pies consisten en una magnífica cola: una gruesa y peluda varilla de equilibrio para un gato que puede saltar 30 pies en el aire.
Chief ranger David Bradfield points to prime snow leopard habitat: high, steep, and far from people.
Paul Salopek
Solo quedan alrededor de 2,700 leopardos de las nieves adultos en el mundo, dicen los biólogos, y están dispersos en una docena de naciones montañosas de Asia Central. Los animales son tan sigilosos, tan bien camuflajeados y tan increíblemente difíciles de observar, que hace 25 años no se sabía casi nada de su ecología. Pero recientes intensivos estudios de campo han comenzado a revelar el comportamiento de los gatos, y esto ha ayudado a mobilizar mejores esfuerzos de conservación. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, un árbitro mundial de amenazas a la vida silvestre, ha degradado el estatus de los leopardos de las nieves de "en peligro de extinción" a vulnerable.
"Las comunidades locales han acordadado dejar de cazarlos", dice Ali Madad Rajabi, un veterinario afgano de la Wildlife Conservation Society de Nueva York, o WCS, que mantiene una oficina local en Wakhan. "El principal problema ahora son las fuerzas de seguridad, quienes tienen las armas. Estamos tratando de elevar su conciencia".
Yo recuerdo la última vez, hace años, que fui expuesto a la fauna afgana. Hombres armados a bordo de una camioneta, en la que yo viajaba, abrieron fuego con sus AK-47 hacia la distancia donde alguna vez pudo o no haber estado un lobo. Nunca pararon el camión.
Rajabi y sus colegas del WCS están apoyando al gobierno afgano a proteger la reserva natural más nueva y más grande de este país dañado por la guerra: el extenso Parque Nacional Wakhan, el cual se encuentra prácticamente sin caminos. Con 4,200 millas cuadradas, la reserva es 25 por ciento más grande que Yellowstone y es uno de los últimos bastiones de Asia Central no solo para los únicos leopardos de las nieves sino también para los osos, cabras montesas, ovejas Marco Polo, uriales, lobos, garduñas, águilas reales, marmotas, y muchas otras criaturas salvajes.
Se dice que alrededor de 100 y 150 leopardos de las nieves merodean por el Wakhan.
El equipo de Rajabi me invita a visitar su campamento de captura de leopardos, en lo alto de la aldea de Qal-e-Panj, a los pies del glaciar de Sher Khan que está retrocediendo. Ahi, los biólogos están intentando equipar a los leopardos de las nieves con collares de rastreo GPS para conocer los rangos que traversan.
Subo a las tiendas de campaña con David Bradfield, un experto sudafricano de vida salvaje que dirige los programas de conservación de la organización en Wakhan. Una antigua cicatriz de bala se manifiesta en la pierna de Bradfield. Le dispararon mientras patrullaba en contra de la caza furtiva en una reserva de elefantes en Mozambique. Tiene otro agujero en su torso por haber sido corneado por un rinoceronte en Sudáfrica. El rinoceronte, una mascota de una reserva cercana, y mal acostumbrado a los humanos, estaba chocando contra el auto de Bradfield que estaba estacionado fuera de su casa. Bradfield salió corriendo para espantarlo. El rinoceronte corrió hacia el, perforándolo con su cuerno, y lo aventó hacia el cielo como una muñeca de trapo.
"Yo recuerdo haber sido levantado en el aire y mirar hacia abajo al carro, y el carro se veía muy pequeño, como una caja de cerillos', dice. El mismo rinoceronte después se fue en contra de unos turistas.Tuvo que ser destruido, un desenlace que Bradfield aún lamenta.
El campamento de los biólogos se agrupa en el fondo rocoso de un valle que mide 13,000 pies en forma de U, donde los rayos de luz de la tarde–colores miel amarillo, magenta brillante como el corazón de un durazno, y aguamarina–queman los ojos. Bradfield y sus colegas montan telescopios. En cuestión de minutos ellos localizan la presa del leopardo de las nieves: un rebaño de cabras montesas, antílopes del tamaño de un pony con largos cuernos estriados, pastando en una roca increíblemente empinada. Los animales cubren toda la montaña, concentrando su presencia masiva en puntos claves, destilando los matices de la luz en sus brillantes pieles color marrón. Arriba en los senderos que frecuentan los leopardos, los guardabosques han escondido trampas con alarmas de radio que emiten un sonido en la base del campamento al activarse. Con el propósito de demonstración, un guardabosque llamado Ayan Beg Pamiri pretende ser un leopardo. Él camina en cuatro patas hacia una trampa. Se cierra por completo en una nube de polvo.
Yo duermo en una de las tiendas de campaña. Una cobija pesada esta enrollada en una esquina. Esta cobija está destinada para ser arrojada sobre un gato en movimiento.
A pesar de toda su gracia y poder, los leopardos de las nieves son felinos relativamente pequeños, rara vez pesando más de cien libras. Son sorprendentemente vulnerables a los humanos. Tanya Rosen, del grupo de conservación Panthera, dice que a tráves de la frontera de Afganistán en Tajikistan, los leopardos de las nieves han sido arrinconados mientras atacan rebaños de animales domésticos y los pastores simplemente los matan a martillazos con cualquier herramienta que tengan a la mano.
"Los leopardos de las nieves se concentran en matar ovejas y en ninguna otra cosa más", dice Rosen. "Literalmente puedes caminar atrás de uno y pegarle con una pala".
El amanecer alumbra el campamento de los científicos.
Estos hombres han tratado de atrapar a un leopardo de las nieves en el alto Wakhan de Afganistán por 20 días seguidos. Por cinco años han logrado capturar a solo cuatro de estos depredadores sumamente cautelosos. De nuevo, el pitido de las señales de radio de las trampas es constante: No hay leopardos en las trampas.
The pug mark of a snow leopard in the Chapursan Valley, Pakistan.
Paul Salopek
"Si el leopardo de las nives debe manifestarse, entonces estoy listo para ver al leopardo de las nieves", escribe Peter Matthiessen en El Leopardo de las Nieves, el libro más famoso que se ha escrito sobre la búsqueda del furtivo animal, y sobre uno mismo. "Sino, de alguna forma (y no entiendo este instinto, incluso ahora) no estoy listo para percibirlo . . ."
Salto hacia abajo por la morrena glacial a la tierra de los humanos. Nunca veré a un leopardo de las nieves. Pero un leopardo de las nievas posiblemente me ha visto a mi. Lo imagino encaramado en una cresta montañosa donde el cielo es más intenso en su desaparición. Mira hacia abajo con perfecta ecuanimidad hacia un mundo humano que invade, en un creciente mar de árboles, sus blancas islas montañosas. De esta manera, supongo que todo el Karakoram de Afganistán es como un leopardo de las nieves:
Pico tras pico sin escalar, cada uno cubierto de nieve, cada uno desapareciendo detrás de otro, desluce en filas apretadas ante mí hasta los bordes lejanos de la Tierra visible. Me maravilla pensar que un lugar tan majestuoso como este exista en nuestro planeta en estos tiempos. Pero también sé, en el fondo, que de alguna manera no estoy realmente viendo el Karakoram en absoluto. El cuadro pintoresco que brilla ante mis ojos es demasiado grande para que mi débil corazón y mi mente lo capten. Y las montañas se escapan de mí incluso cuando paso por ellas, día tras dorado día de otoño.
